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Idiota alegre

La pirotécnia y sus consecuencias en personas y animales.
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Lunes, 31 de diciembre de 2018 a las 19:41
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La pirotecnia ya no es noticia y todos, aunque algunos más que otros, sabemos los daños que produce. Pero como sucede en muchos otros temas, nuestro conocimiento superficial no nos permite sacar conclusiones correctamente fundadas. Aquí intentaremos llevar algo de la información recabada en los últimos días para que, con todas las cartas en la mesa, puedan ustedes tomar la decisión más acertada posible respecto a este tema que tanta controversia genera.

Desde ya, debemos aclarar que lo que van a leer no es una postura objetiva, estamos a favor de desterrar de nuestras vidas una práctica que parecía inocente, y que al final no lo era tanto. Creo que el título de la nota ya dejó bien claro este punto.

Algunos datos objetivos

Un estudio realizado por el municipio de Comodoro Rivadavia en el año 2012, reveló que los artefactos pirotécnicos más potentes en el mercado, pueden superar los 100 decibeles (dB). Las baterías de 16 tiros alcanzaron los 89,5 dB a una distancia de 10mts; el mortero de 12 X 1 llegó a los 100,4 dB; y el mortero Thunder King logró un tope máximo de 100,7 dB. La experiencia se realizó con la colaboración de la Facultad de Ingeniería de la Universidad del Sur, Bomberos y personal municipal; donde detonaron y midieron la sonoridad de poco más de 300 artefactos pirotécnicos que se pueden encontrar en los locales comerciales. Esto deja afuera a los artefactos caseros, que son mucho más peligrosos por su poder destructivo que por el valor sonoro que arrojan.

Para entender mejor que significan 100 dB, tomamos algunos valores comparativos:

Una aspiradora doméstica ronda los                  70 dB.

Un martillo neumático                                       100 dB.

Un avión comercial acelerando                         120 dB.

Un automóvil de fórmula 1                                 140 dB.

La bomba de Hiroshima                                     180 dB.

La erupción del volcán Krakatoa en 1883          200 dB.

La exposición constante del oído humano a sonidos que superen los 60 dB, pueden provocar lesiones en el tímpano, y hasta el estallido de la membrana timpánica si el impacto sonoro supera los 100 dB. Pero sonidos más potentes pueden incluso lesionar el oído medio, que es el centro de equilibrio del cuerpo humano.

El capitán de un barco pescador que estaba a 160km del volcán Krakatoa cuando entró en erupción, el 27 de Agosto de 1883 escribió en la bitácora: “Ha llegado el día del juicio. Todos mis hombres están desplomados en cubierta con los oídos sangrantes. Se ponen de pie y vuelven a caer. La explosión se sintió hace treinta minutos y aún debo arrastrarme porque una fuerza extraña me jala hacia los lados si trato de ponerme de pie”. Lo que describió el capitán en sus palabras, no fue otra cosa que los síntomas del colapso del oído medio en los tripulantes de la embarcación.

Por supuesto que este es el caso más extremo de exposición sonora que el hombre moderno conozca, pero servirá más adelante para hacer algunas comparaciones.

¿Por qué resulta divertido tirar pirotecnia?

Existen tres estadíos fácilmente identificables en quienes hacen uso de la pirotecnia. Primero, cuando el artefacto es encendido, se transita una etapa de expectativa porque absolutamente todos saben que lo que están manipulando es peligroso. Se puede apreciar que contraen el rostro, no hay sonrisas y observan con el ceño fruncido hasta la detonación. Segundo, el momento de la explosión. Aquí todos actúan de la misma manera; cierran los ojos y encojen los hombros por una fracción de segundo, esto obedece a una reacción instintiva que busca proteger ojos y oídos, al mismo tiempo se corta la respiración por ese breve lapso de tiempo y el corazón bombea con fuerza priorizando la irrigación de extremidades, preparando el cuerpo para huír o pelear. Claramente esto describe un estado de defensa que se complementa con una inyección de adrenalina. El tercer y último estadío, es la sensación de felicidad provocada por esa adrenalina que ingresa al sistema.

Todo sucede muy rápido y, para sostener esa sensación de agrado, se busca repetir este proceso constantemente.

La diferencia entre los animales y las personas

El promedio del espectro auditivo del ser humano es de 20 a 20000 Hertz (Hz), mientras que en los perros va de los 20 a 65000 Hz. Pero hay que aclarar que en los canes resulta notablemente crítica la franja de va de los 500 a los 16000 Hz.

Como entre tantos números resulta difícil la comprensión, alcanza con resumir diciendo que en comparación, estos animales perciben las explosiones 3 veces más fuerte que nosotros.

Por lo tanto, la detonación de un artefacto pirotécnico moderado que alcance unos 60 dB, es sentido por un perro como si fuera la bomba de Hiroshima. Y uno verdaderamente potente que supere los 100 dB, los canes lo sufren como si nosotros oyéramos la erupción del Krakatoa un tercio más fuerte de lo que fue.

Por supuesto que debemos hacer algunas salvedades, porque nadie ve por las calles a los perros con los oídos sangrando pese a la pirotecnia que se sigue tirando.

Estos animales tienen los oídos muy bien protegidos por un par de orejas carnosas que mueven a discreción, gracias a diecinueve músculos, el pelaje y las secreciones también colaboran mucho, pero sobre todo la profundidad a la que tienen las piezas sensibles dentro del canal auditivo respecto a nosotros. Igualmente, todo esto hace a la protección física del animal; el impacto emocional que sufren no es para nada leve.

Las manifestaciones físicas

El comportamiento del cuerpo es objetivo y queda afuera de cualquier análisis. Antes hablamos de las manifestaciones físicas que experimentan quienes disfrutan de la pirotecnia. Y resulta que quienes no las disfrutan, experimentan las mismas sensaciones pero potenciadas. Allí es donde se pierde totalmente la alegría.

Una persona con un grado importante de autismo puede sufrir un shock adrenalínico derivando en taquicardia, hiperventilación, y eventualmente ataques de pánico. Algo similar, en cuanto a lo físico, viven los animales. Y para tener una dimensión de semejante padecimiento, alcanza con hacer la siguiente comparación; las respuestas físicas que experimentan quienes sufren la pirotecnia es equiparable con ser apuntado con un arma de fuego. Es nada menos que la sensación de no saber si en el próximo segundo vamos a seguir vivos.

No podemos dejar de hacer un apartado especial para quienes lo sufren desde lo psicológico. Como por ejemplo los ex combatientes. Las personas que sufren estrés post traumáticos, como en este ejemplo, experimentan una suerte de regresión con cada detonación. No significa que pierden conciencia de tiempo y espacio pero, por una fracción de segundo, el cuerpo se pone en alerta, sencillamente porque luego de aquella experiencia traumática, su cerebro quedó programado para sobrevivir ante cualquier señal de regresar a ese sitio y momento. La razón le permite al individuo conocer la diferencia entre un disparo o el estallido de una granada con la explosión de un petardo, pero con esa regresión instintiva que sólo dura una fracción de segundo alcanza para provocar una momentánea sensación de ansiedad. En muchos casos, la experiencia es subconsciente y la persona ni siquiera lo nota; pero sin entender por qué, comienza a sudar, tiene taquicardia, o puede sufrir dolores abdominales y de cabeza. Y recuperarse de esos pequeños momentos de angustia puede ser mucho más difícil de lo que parece. Sin lugar a dudas nadie merece vivir algo así, y menos aquellos a los que les debemos tanto.

Los antiguos atenienses decían que los “ideotas” son las personas sin ideas, y el pasaje del latín al castellano luego de 2500 años hizo que hoy hablemos de los “idiotas” sin saber muchas veces el significado del concepto.

¿Por qué volvemos a la antigua Grecia? Para encontrarle un calificativo a la persona que, en un popular grupo de compra y venta de Facebook de Neuquén, escribió esta infeliz frase el 24 de diciembre pasado “Esta noche voy a festejar con pirotecnia porque no tengo mascotas ni hijos mogólicos”. La inmediata catarata de respuestas a tamaña declaración, terminó con la expulsión de este idiota del grupo de compra y venta. Pero nos sirve para hacer la conclusión final.

Si se trata de una persona que encuentra la felicidad gracias a esa pequeña inyección de adrenalina que le provee una detonación pirotécnica, pero que no tiene idea del daño que produce… Sencillamente estamos hablando de un idiota alegre.

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