Nido de la Tierra

Falkland-Loveland

Calles heladas de Malvinas, el cacareo de fusiles, el blanco de las sábanas tendidas recién lavadas y el gris y rojo del monte manchado de sangre. Ahí, así estaban ellos. Tiernos entre el odio. Tiempo después, y sin haberlos conocido, un compositor crearía la canción de esta historia de amor.
lunes, 04 de febrero de 2019 · 11:08

Por Mime Mascaró

Ilustración por Damian De Amicis Bacigaluppe

“Yo vivía en mundo en blanco y negro, en una ciudad de libertad, en Merlo, de trabajadores todos morochos, compañeros de la escuela todos morochos, la televisión en blanco y negro, todo era en blanco y negro. Poder ver a esta mujer tan bella, como yo la recuerdo, rubia entrecana de ojos azules profundos, totalmente blanca, casi rosada, muy sonriente, simpática, una sonrisa hermosa a pesar de lo que estaba viviendo, fue enamorarme para mi. Eso fue lo que me pasó. Un amor cuando todo era tan tétrico y terrible” recuerda y nos cuenta Andrés Fernández, ex combatiente de Malvinas, actualmente actor y Director de Teatro.

La cerca tan cerca

Durante una caminata de seguridad que hacía en el pueblo, Andrés conoció a Nicola, una colorada hermosa de 25 años y 4 hijos,  una kelper que no había podido escapar a la guerra.

Después, a diario, se volverían a ver, cada vez que ella recogía la ropa en el patio de su casa (que coincidía con la zona donde estaban ubicados los soldados argentinos del Batallón de Comunicaciones).

Él no hablaba inglés; ella no hablaba castellano, pero no importaba. Decidieron - acaso si estas cuestiones puedan decidirse - comunicarse de otras formas. La joven empezó a lavar la ropa de Andrés, y así los dos fabricaban excusas para rozar sus manos con movimientos que no por bruscos dejaban de ser tiernos. “Nosotros nos comunicábamos a través de un verja de madera, yo un poco la recreé en mi casa, acordándome de Malvinas. A ella, un día se le voló una prenda y como nosotros hacíamos guardia en una casa donde funcionaba un centro de comunicaciones que daba al patio donde vivía Nicola, nos conocimos” recuerda Andrés.

Foto: Todos los días Andrés vuelve a ver la cerca que lo unía/separaba de Nicola.

“Tiénela”

Eso era amor, amor capaz de arriesgar la vida: la última vez que Andrés recibió su ropa limpia, entre la muda encuentra una radio y una nota en castellano.

“Ella me lavaba la ropa. Y en un momento, hacia Junio, cuando la cosas ya se estaban complicando mucho, Nicola me dio un atado de ropa y dentro de eso había una radio y una notita que decía: ‘Es para ti, tiénela´. Y en la radio, en el borde, -una radio Sony, chiquitita, de las portátiles-, tenía calado una florcita y decía ‘Nicola’. Ella no me dijo nada cuando me la dio, solamente me sonrió y nos despedimos, ‘bye, chau´ y me fui, mirándola con mucho dolor, porque yo sabía que me iba para siempre.”

Tiempo después, cuando el soldado cae prisionero de la milicia inglesa, por temor a una represalia tanto para él como para ella se deshace de la radio y de la esquela.

Nunca más volvería a ver a Nicola.

Canción de amor

Tiempo después, y ya de vuelta en Argentina, Andrés Fernández sería Director de Teatro de la cárcel de Río Gallegos. Un dia, como parte de un programa en homenaje a los ex combatientes de Malvinas, su historia se topa con otra: existía en el mundo una canción que contaba su aventura de amor. Y lo que aún era más impactante: quien compuso aquella pieza no había sido inspirado por relatos oídos, ni por historias contadas. La trova había nacido de sus tripas.

El cantante y compositor Beto Asurey inventó un final posible para este romance: el joven enamorado vuelve al sur. Ahí se construye una casa en la playa con ventanales por donde mira cada mañana el recuerdo de un amor que existió mientras existió la guerra.

Mirando amar

El amor de Andrés nació en las islas Malvinas y se inmortalizó en el libro “Aquellos que Aman”. La carta “Tonada de amor y de guerra” es de él y forma parte de la edición.

Hoy Fernández es responsable del Espacio Cultural Malvinas que depende del Centro de Veteranos de Guerra que él mismo fundó en 1990. Andrés vive en una casa en Río Gallegos con una ventana que da al mar. Igual que en su canción.

“Creo que este amor platónico, es una metáfora por mi amor por las islas Malvinas. Ese amor se materializaba en Nicola”.

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