Martina Raspo tiene 8 años y juega al fútbol. Es la única mujer en un plantel de 35 chicos, en el club Tiro Federal y Deportivo Morteros. Le pega a la pelota con las dos piernas, es un fenómeno. Y, a la vez, es un emblema de una reivindicación femenina todavía negada: quiere seguir jugando al fútbol, no al femenino, sino integrado. Los reglamentos, todavía, no lo permiten para competencias oficiales.
La madre de Martina, o Martu, como la conocen en el ambiente futbolístico, se llama Carolina Bulacio, y empezó una campaña para que se cambien los reglamentos. Para eso, les envió una carta a las autoridades de la Liga oficial de San Francisco, en Córdoba, para que la nena pueda jugar al fútbol oficialmente. Sin discriminación.
Tal vez, la palabra más autorizada sea la del entrenador. Álvaro no tiene dudas para describir cómo ha sido la experiencia de Martu en su equipo: “Al principio le costó porque era su primer año en la cancha, pero terminó jugando muy bien y entendiendo todo. Antes le costaba hacer goles: llegaba y siempre le faltaba algo, le pifiaba a la pelota, se la robaban o hacía una de más. Pero al final ya empezó a hacer goles, patea con las dos piernas. Es una atrevida la Martu”, dijo, en declaraciones que fueron publicadas por Infobae.
Los compañeros del equipo la respaldan y la respetan: es una más, está a la altura de cualquiera de ellos. Se ha constatado, entre otras cosas, que no hay diferencia física ni de talento. Martu solo es discriminada por los reglamentos oficiales, no por el fútbol en sí.
“Nos apoya un montón de gente, no estamos solos. Pedimos firmas a la gente que nos conoce y la ve jugar”, dijo mamá Carolina. La campaña cuenta con el visto bueno del padre de Florencia Bonsegundo (la jugadora que es oriunda de Morteros y que fue emblema de la selección argentina en el reciente Mundial de Francia 2019) y tiene como principal respaldo a Rocío Correa, futbolista profesional de San Lorenzo y de la Selección Sub 20.
Así, es posible que el caso de Martina marque un hito en la historia, lenta pero inexorable, de la admisión plena de la igualdad de género. También en el deporte.