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Adiós a una leyenda de los motores: murió Jorge Pedersoli, un nombre eterno del automovilismo argentino

El histórico preparador y motorista falleció a los 84 años. Trabajó junto a grandes figuras como Roberto Mouras, Juan María Traverso, Guillermo Ortelli y Christian Ledesma, y dejó su sello en algunas de las páginas más gloriosas del Turismo Carretera.

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El histórico motorista fue protagonista de algunas de las etapas más exitosas del Turismo Carretera.

El rugido de los motores pierde una voz histórica. Jorge Pedersoli, uno de los grandes preparadores y motoristas del automovilismo argentino, murió este jueves a los 84 años y dejó un profundo dolor entre quienes durante décadas compartieron con él la pasión por los fierros.

La noticia fue confirmada por la Asociación Corredores Turismo Carretera (ACTC), institución a la que Pedersoli estuvo ligado durante buena parte de su vida. Su nombre quedó asociado para siempre a algunas de las épocas más importantes del Turismo Carretera, pero también a los grandes pilotos que confiaron en sus manos para llevar sus autos hacia la gloria.

Porque Pedersoli fue mucho más que un motorista. Fue uno de esos hombres que muchas veces trabajaron detrás de escena, lejos de los flashes y las celebraciones, pero cuyo talento resultaba indispensable para que los grandes protagonistas pudieran hacer historia en la pista.

Uno de los capítulos más recordados de su trayectoria lo escribió junto a Roberto Mouras. En sociedad con Omar Wilke, estuvo detrás de los motores del mítico Chevrolet "7 de Oro", con el que el Toro consiguió seis victorias consecutivas en 1976, una seguidilla que quedó grabada para siempre en la historia del TC.

La relación con Mouras volvió a tener un capítulo glorioso algunos años más tarde. Pedersoli acompañó al piloto en los tres campeonatos consecutivos que consiguió con Dodge entre 1983 y 1985, consolidándose como uno de los preparadores más respetados de la categoría.

Pero su historia no terminó allí. Los años pasaron y su nombre siguió apareciendo junto a los grandes. En la segunda mitad de la década del 90, Pedersoli fue una pieza fundamental del proyecto que tuvo como protagonista a Juan María Traverso.

Junto al Flaco y a Alberto Canapino, formó parte de un equipo que marcó una época. Traverso conquistó los campeonatos de Turismo Carretera de 1995, 1996 y 1997 con Chevrolet, y en 1999 volvió a celebrar, esta vez al volante de un Ford.

Aquellos éxitos transformaron a Pedersoli en mucho más que un especialista de los motores. Su nombre pasó a ser sinónimo de potencia, precisión y confiabilidad, tres cualidades que durante décadas fueron buscadas por los pilotos que querían llegar a lo más alto.

Guillermo Ortelli también encontró en él a un socio fundamental para construir una de las etapas más exitosas de su carrera. Juntos alcanzaron los títulos de Turismo Carretera de 2000, 2001 y 2002.

Y la historia volvió a repetirse algunos años después con Christian Ledesma. En 2007, el marplatense se consagró campeón del TC con una Chevrolet que tuvo a Alberto Canapino en el chasis y a Pedersoli como responsable de la motorización.

Su talento, sin embargo, no quedó encerrado dentro de las fronteras del Turismo Carretera. En 1995 también fue protagonista de otro proyecto inolvidable: el Peugeot 405 de Juan María Traverso en el TC2000.

Aquella temporada fue histórica. Traverso consiguió la doble corona en las dos principales categorías del automovilismo argentino, y Pedersoli volvió a demostrar que su trabajo podía estar detrás de los proyectos más ambiciosos del deporte motor nacional.

Por sus manos también pasaron otros grandes nombres, como Carlos Pairetti y Francisco Espinosa, entre tantos pilotos y equipos que encontraron en él a un profesional capaz de convertir un motor en una verdadera herramienta para competir.

Con el paso de los años, su figura trascendió los resultados. Generaciones de pilotos, mecánicos y preparadores lo reconocieron como un maestro de un oficio que exige conocimiento, paciencia y una sensibilidad especial para entender qué necesita un auto para rendir al máximo.

Este viernes 28 de agosto, a las 12.30, sus restos serán despedidos en la Capilla del Cementerio de la Chacarita.

El automovilismo argentino despide así a uno de sus grandes hombres. A Jorge Pedersoli le tocó muchas veces celebrar desde un segundo plano, escuchar sus motores rugir mientras otros levantaban los trofeos. Pero detrás de muchas de aquellas vueltas olímpicas estaba su trabajo, su conocimiento y su pasión.

El ruido de los motores continuará. Las carreras también. Pero desde ahora, cada vez que un viejo Chevrolet, Ford o Dodge vuelva a hacer rugir la memoria del Turismo Carretera, habrá un nombre que aparecerá inevitablemente detrás de ese sonido: Jorge Pedersoli, una leyenda de los fierros que dejó una huella imposible de borrar.

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