Luego del final de una nueva historia mundialista en la que esta vez la Selección Argentina no pudo sumar una nueva estrella a pesar de volver a jugar el partido decisivo, queda valorizar un camino que no fue tan fluido desde lo futbolístico, que tuvo su inicio en un plantel diezmado físicamente que se las arregló para llegar a una final tirando de su capacidad competitiva, de la jerarquía, de un Lionel Messi sabio a su 39 años. Pero en la final ante España los de Lionel Scaloni dejaron la sensación amarga de haber jugado como se pudo, como le salió, y no como realmente es capaz de hacerlo este equipo.
La Roja es un justo campeón y dominó a una Argentina que atravesó imponderables como las salidas obligadas de Lisandro Martínez y Cristian Romero que a Scaloni le limitaron las variantes, pero que también vio correr la pelota demasiado sin poder disputarla. Cuando la tuvo, las ejecuciones para transformar insinuaciones en peligro real fueron realmente flojas. Las imágenes no mienten: las chances más claras llegaron en el segundo tiempo del alargue estando 0-1, ya con la expulsión evitable de Enzo Fernández a cuestas que obligó a ir por el empate a un once ya planteado para defender y buscar los penales. Messi, víctima del trámite del encuentro, intentó aportar alguna solución con sus pinceladas, pero su último baile mundialista no fue el que él ni nosotros imaginamos.
El partido no vio a Argentina sufrir peligro constantemente, pero sí padecer la imposibilidad de gobernar la pelota, algo que eventualmente decantó en ocasiones de gol del rival. Dibu Martínez fue llamado a intervenir más que en el resto de los partidos anteriores, y estuvo a la altura. Nicolás Tagliafico, con una férrea marca sobre Lamine Yamal que llevó al lateral a terminar al límite desde lo físico, fue el otro destacado de una labor chata durante 120 minutos que puede explicarse, entre otras cosas, con la diferencia que hubo de uno y otro lado en la actuación de los mediocampistas.
Scaloni buscó reforzar las bandas con Nicolás González, al que sacó en el entretiempo por un Leandro Paredes sobregirado emocionalmente que no fue eje como venía siéndolo anteriormente y terminó mostrando su peor cara ganándose una expulsión post partido por pelearse con los rivales. Rodrigo De Paul impreciso y sin pesar en el juego, Alexis Mac Allister esforzado pero poco claro y Enzo Fernández, poco participativo en el juego, lejos o tarde como instrumento de recuperación y protagonista negativo por una doble amarilla después de una entrada que pudo haber evitado y fue la sentencia anticipada de las aspiraciones de la Albiceleste. Giuliano Simeone, otro que ingresó, desperdició la única chance clara del partido en el alargue previo a perder la marca de Ferrán Torres en el 0-1.
Del otro lado, sin un volumen ofensivo aplastante, como no lo tuvo en todo el Mundial, España fue el que planteó las condiciones y con el correr de los minutos fue empujando a la Argentina a fuerza de pases, paciencia e intensidad con Rodri Hernández manejando los tiempos hasta que finalmente destrabó el partido gracias a Ferrán Torres, un delantero suplente cuestionado que se ganó su lugar en la eternidad. Gran mérito para Luis de la Fuente, ex maestro de Scaloni y hacedor de un equipo sin grandes estrellas (pese a la enorme proyección de un Yamal que mostró poco en este Mundial) que se lleva para el país ibérico la segunda Copa del Mundo.
Así es que Argentina termina su participación en un Mundial que dejó grandes momentos, relacionados más con la casi inflexible competitividad de este grupo de jugadores que con un juego que fue y vino, y lamentablemente tuvo su pico en las semifinales ante Inglaterra. La ilusión de la cuarta estrella, la segunda de un Messi que se va de la Copa del Mundo tras seis participaciones y una enorme cantidad de récords, quedó trunca ante una España sólida que se impuso a una Scaloneta que pese a esta derrota engloba un proceso inolvidable cuyo final parece cerca y lamentablemente no pudo hacerse con otra conquista que la hubiera inmortalizado como una de las mejores selecciones de la historia.