Lionel Messi será el gran protagonista de una final que tendrá un condimento tan especial como emotivo. Del otro lado aparecerá una selección española repleta de futbolistas que crecieron viéndolo deslumbrar en Barcelona, imitándolo en los patios de las escuelas y soñando con algún día compartir una cancha con él. Lo que parecía una fantasía infantil se transformó en realidad, aunque con un giro inesperado: ahora deberán enfrentarlo en el partido más importante de sus carreras.
Para muchos integrantes del plantel español, Messi fue el jugador que definió una época. Su magia en el Barcelona marcó a una generación que comenzaba a dar sus primeros pasos en el fútbol mientras el rosarino acumulaba títulos, récords y actuaciones inolvidables en el Camp Nou.
El caso más cercano es el de Pedri. El mediocampista fue el único de los actuales convocados que llegó a compartir vestuario y partidos oficiales con Messi. Durante la temporada 2020-2021 construyeron una gran relación dentro del campo y el canario nunca ocultó su admiración por el argentino.
"Tuve la suerte de poder jugar y entrenar con él. Disfruté mucho y aprendí muchísimo", recordó recientemente. También destacó una de las cualidades que más lo impresionó: "Ve el fútbol antes que los demás y sabe dónde estar para hacer un gol".
Marc Cucurella también pudo observar de cerca al capitán argentino durante algunos entrenamientos con el primer equipo del Barcelona. El lateral todavía recuerda la sensación que le provocó compartir cancha con quien considera el mejor de todos los tiempos. "No se acordará de mí, pero yo estaba muerto de nervios", confesó entre risas.
Una historia similar vivió Eric García. El defensor regresó al conjunto catalán con la ilusión de jugar junto a Messi, pero la salida del rosarino rumbo al PSG terminó frustrando ese deseo. Aun así, nunca escondió su admiración y llegó a reconocer que intercambiar una camiseta con él sería cumplir un sueño.
Entre las anécdotas más llamativas aparece la de Lamine Yamal. Mucho antes de convertirse en una de las grandes figuras del fútbol europeo, fue el bebé que protagonizó una recordada producción solidaria de Unicef junto a Messi en el Camp Nou. Aquella imagen dio la vuelta al mundo años después y hoy adquiere una dimensión histórica: el niño que apareció en brazos de su ídolo ahora intentará derrotarlo en una final mundialista.
Pau Cubarsí también conserva una fotografía de su infancia junto al rosarino. El defensor nunca ocultó la admiración que siente por el capitán argentino y llegó a definirlo como uno de sus grandes referentes. Sin embargo, sabe que el domingo deberá dejar los sentimientos a un lado. "Hay que estar atento al cien por cien porque nunca sabes por dónde te puede aparecer", reconoció al referirse a la posibilidad de marcarlo.
La influencia de Messi también alcanzó a quienes jamás compartieron vestuario con él. Gavi lamentó en más de una oportunidad no haber coincidido con el argentino en Barcelona y lo definió como el mejor futbolista del mundo. Alejandro Grimaldo fue todavía más directo al afirmar que siempre fue su ídolo, mientras que Álex Baena lo incluyó entre los referentes que marcaron su carrera deportiva.
Dani Olmo protagoniza una de las historias más curiosas. Cuando tenía apenas ocho años le ofrecieron sacarse una foto con Messi, pero prefirió seguir jugando a la pelota. Con el paso de los años reconoció que aquella decisión no fue precisamente la mejor. La imagen finalmente se tomó y hoy forma parte de los recuerdos más insólitos de su infancia.
Los elogios hacia el capitán argentino también llegaron desde futbolistas como Fabián Ruiz, Ferran Torres y Joan García, quienes destacaron su legado y su impacto en el fútbol mundial. Todos coinciden en algo: Messi fue una inspiración para ellos cuando eran chicos.
Sin embargo, cuando ruede la pelota no habrá espacio para la nostalgia. Los niños que crecieron admirándolo, buscando una foto o soñando con compartir equipo con él intentarán escribir su propia historia. Del otro lado estará Messi, dispuesto a conquistar otra página dorada de su leyenda. La idolatría quedará guardada por noventa minutos. Después de todo, en una final del Mundial no hay lugar para los fanáticos: sólo para los rivales.