Marcelo Gallardo vuelve a escena, pero esta vez con un desafío completamente diferente. El Muñeco dejó atrás el mundo de los clubes y acordó convertirse en el nuevo entrenador de la Selección de Ecuador, en una noticia que sacudió al fútbol sudamericano.
Después de varias semanas de negociaciones, la Federación Ecuatoriana de Fútbol alcanzó un acuerdo total con el entrenador argentino tanto en el aspecto deportivo como en el económico. Solo resta la firma para que Gallardo se convierta oficialmente en el sucesor de Sebastián Beccacece.
El vínculo será por cuatro años y tendrá como principal objetivo encabezar un nuevo proyecto para la Tricolor. La dirigencia ecuatoriana apostó por la experiencia y la metodología del Muñeco para potenciar a una camada de futbolistas que busca dar un salto de calidad y consolidarse entre las principales selecciones del continente.
Será un cambio importante para Gallardo. Después de construir una extensa trayectoria al frente de equipos, con River como gran protagonista de su carrera, el entrenador argentino asumirá por primera vez el desafío de conducir una selección sudamericana.
El desembarco del Muñeco ya comenzó a tomar forma. Su nuevo cuerpo técnico trabaja en la planificación del ciclo y prepara los primeros pasos de un proceso que tendrá rápidamente su primera prueba sobre el campo de juego.
El debut de Gallardo con Ecuador está previsto para el 24 de septiembre, cuando la Tricolor enfrente a Corea del Sur durante una gira por Asia. El segundo compromiso será el 1 de octubre ante Japón, mientras que el seleccionado ecuatoriano tendrá un tercer partido programado para el 5 de octubre antes de regresar a Sudamérica.
La elección de Gallardo representa una fuerte apuesta de la Federación. El entrenador tendrá la misión de imponer su sello, ordenar las piezas y construir una identidad futbolística para un seleccionado que cuenta con una generación de jugadores con gran proyección.
El Muñeco vuelve al ruedo. Pero esta vez no habrá un vestuario de club, una competencia local ni una Copa Libertadores como escenario. Tendrá una camiseta nacional, un país entero pendiente de sus decisiones y el desafío de demostrar que su reconocida capacidad para construir equipos también puede trasladarse al fútbol de selecciones.