Racing no perdió solamente un partido. Perdió el rumbo, la identidad y gran parte de la ilusión que había construido en los últimos años. El empate 2 a 2 frente a Caracas en el Cilindro no fue un simple tropiezo copero: fue un golpe demoledor para un equipo que se desmoronó en plena competencia y que terminó firmando uno de los semestres más decepcionantes de la última década.
La noche tuvo de todo. Polémicas arbitrales, errores infantiles, goles increíbles desperdiciados y un final cargado de frustración. Pero detrás del caos futbolístico apareció algo todavía más preocupante para el hincha académico: un equipo sin reacción, sin ideas y completamente perdido dentro de la cancha.
La eliminación de la Copa Sudamericana quedó consumada una fecha antes del cierre de la fase de grupos, algo difícil de explicar para un club del peso de Racing y mucho más teniendo en cuenta el contexto. Compartía zona con Caracas, Independiente Petrolero y Botafogo. Mientras los brasileños arrasaron, la Academia quedó atrapada en sus propias limitaciones.
El resumen del semestre aparece reflejado en los últimos minutos del partido. Racing ganaba, tenía el resultado controlado y volvía a ilusionarse. Pero todo se derrumbó de la manera más insólita posible. Un error increíble de Matías Tagliamonte terminó dándole vida al conjunto venezolano y desató el desconcierto total en Avellaneda.
Como si fuera poco, Adrián “Maravilla” Martínez protagonizó una jugada imposible de creer. Solo abajo del arco y con el gol servido, dudó demasiado y terminó desperdiciando una chance que pudo haber cambiado la historia de la noche. Una imagen que terminó simbolizando el desconcierto futbolístico que atraviesa el equipo.
Pero el golpe no nació solamente en la Copa. Racing ya venía arrastrando un semestre muy flojo en el torneo local. Clasificó a los playoffs casi de milagro y, luego de eliminar a Estudiantes, quedó afuera frente a Rosario Central en un partido marcado por las polémicas y las discusiones arbitrales.
En el centro de todas las miradas aparece Gustavo Costas. El entrenador, ídolo indiscutido del club y uno de los hombres más queridos por el hincha, quedó extremadamente expuesto por el presente del equipo. Racing nunca logró consolidar una idea de juego clara y hace meses que repite los mismos problemas futbolísticos.
El desgaste empieza a sentirse y el clima dejó de ser el mismo. La gente todavía valora el sentido de pertenencia y los títulos obtenidos en el último tiempo, pero la paciencia comenzó a agotarse. El equipo juega mal, pierde peso competitivo y parece depender más del empuje emocional que de una estructura futbolística sólida.
Sin embargo, las responsabilidades no recaen solamente sobre el cuerpo técnico. Los jugadores también quedaron marcados por actuaciones muy por debajo de lo esperado, errores constantes y una alarmante falta de carácter en momentos decisivos. Y la dirigencia tampoco salió ilesa de esta crisis. La gestión deportiva, el mercado de pases y hasta el estado del campo de juego del Cilindro fueron motivo de fuertes cuestionamientos durante todo el semestre.
Racing quedó afuera de la Sudamericana antes de tiempo y el golpe duele mucho más por la forma. Porque no fue contra un gigante continental ni en una serie imposible. Fue contra sus propios errores, sus dudas y sus limitaciones.
La Academia cerró la primera mitad del año sumida en la bronca, la incertidumbre y la desilusión. Y mientras el Cilindro se vaciaba en silencio, una sensación empezó a recorrer Avellaneda: Racing tocó fondo y necesita reconstruirse urgente antes de que la crisis sea todavía más profunda.