Hay partidos que valen más que tres puntos. Y hay regresos que cargan historia. Este domingo, el Cilindro de Avellaneda será escenario de un cruce con todos los condimentos: Eduardo Coudet vuelve a Racing, pero esta vez en la vereda de enfrente, como entrenador de River. Un reencuentro inevitable entre el técnico y un club donde supo construir una identidad, ganar títulos y meterse en el corazón de la gente.
Pasaron seis años, cuatro meses y doce días desde su última función en ese banco. Mucho tiempo, pero no suficiente para borrar lo que dejó. El ciclo del Chacho en la Academia, entre 2018 y 2019, tuvo sello propio: un equipo protagonista, de buen juego y carácter. La consagración en la Superliga 2018/19 fue la frutilla del postre, cortando una sequía de cinco años sin vueltas olímpicas a nivel local.
Su Racing fue, además, un equipo que convencía. Con una idea clara y una frase que quedó marcada a fuego: jugar bien también es tener huevos. Ese ADN lo sostuvo durante su ciclo, más allá de golpes duros en copas que terminaron desgastando el proceso. Incluso así, el balance fue positivo y su salida, anunciada con tiempo, tuvo más de cierre de etapa que de ruptura.
Ahora, el contexto es otro. Coudet llega como flamante DT de River, con la misión de reacomodar al equipo y sostener un arranque que lo tiene invicto. Pero el foco, inevitablemente, se posa en su regreso a Avellaneda. Del otro lado estará un Racing que lo respeta, pero que no regalará nada en un clásico con peso propio.
El historial también le guiña un ojo: nunca perdió ante la Academia como entrenador. Lo hizo en sus tiempos en Rosario Central, con dos triunfos ajustados pero efectivos. Un dato que suma picante a la previa.
La noche del domingo promete emociones cruzadas. Aplausos, tensión, recuerdos y competencia. El Chacho vuelve al Cilindro. Y esta vez, el cariño quedará de lado cuando la pelota empiece a rodar. Porque el fútbol no espera, y los clásicos, mucho menos.