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Sábado 13 de Diciembre, Neuquén, Argentina
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Los graves frentes de combate que esperan a Figueroa

Se intensifica el trabajo rumbo a la asunción de diciembre, pero hay cuestiones que sólo podrá dimensionar la práctica efectiva del poder.
Sabado, 11 de noviembre de 2023 a las 18:32
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A una semana del balotaje, la política se ha desprendido de la realidad popular para encapsularse dramáticamente en una agenda propia, en la que Sergio Massa y Javier Milei pelean palmo a palmo como dos caricaturas en un cómic. En Neuquén, sin perder de vista ese 19 crucial y determinante, avanza incesante el armado del nuevo gobierno, el que conducirá Rolando Figueroa. El contexto, previsiblemente, está representado por un vacío inquietante en la gigantesca estructura estatal. Es un vacío pergeñado por el poder que se despide, perdiendo autoridad y eficacia; y que el poder entrante, que procura ser impactante de entrada, no llena ni llenará hasta el 10 de diciembre.

El cronograma se va cumpliendo con rigurosa planificación. El fin de semana, Figueroa reunió a los intendentes electos y demás autoridades municipales entrantes, incluidas las reelectas, como Carlos Saloniti en San Martín de los Andes y Mariano Gaido en Neuquén. La estrategia apunta a la idea de desarrollo territorialmente equilibrado, con descentralizaciones importantes. Algo de eso se mostró ya en la elección del ministro de Turismo, Gustavo Fernández Capiet, quien es de San Martín, ciudad que -se especula- sería la referencia geográfica del ministerio en cuestión.

Figueroa anunció también que el Banco Provincia será presidido por Gabriel Bosco, un contador ajeno a las primeras líneas de la política. Es otra señal importante del gobernador electo, algo así como la ratificación que se buscará idoneidad antes que complacer viejas consignas folklóricas. Al fin, una cosa es “abrir los brazos” a todos los sectores, y otra, no contradictoria pero sí distinta, es no ceder ante pretensiones de imposiciones presuntamente “naturales” en vistas de esa amplitud multipartidaria.

El trabajo de los equipos, la planificación, el diagnóstico sector por sector, no alcanzan ni alcanzarán para hacer un simulacro efectivo de la pesada realidad que aguarda, fuera de la vista mediática, pero implacable en su dramática existencia, al nuevo gobierno neuquino. Posiblemente se tenga cabal idea de tal afirmación, pues hay cosas que solo la práctica efectiva del poder institucional puede revelar en la dimensión correcta.

El espesor de la crisis social en las franjas marginadas de la población neuquina es importante. La estadística lo ha informado, pero esa ciencia no refleja exactamente el drama de los que poco o nada tienen; y, mucho menos, da los indicios de cómo afrontar el desafío de reducir ese espesor preocupante. El trabajo de quien se haga cargo del área social estatal será mucho, y con mayor grado de dificultad que cualquier otro. No solo se viene de una grave distorsión de intenciones, con la estafa en planes sociales; sino que el ministerio de Desarrollo Social es un hervidero que mezcla intereses sindicales, corporativos de la propia burocracia, con una ausencia de timón extrema. Hay “nichos” a los que el Estado no llega, como ese comedor-merendero de la meseta entre Neuquén y Centenario en el que se “alimentan” más de 200 familias, y que desde marzo no conoce la carne en el menú, que no suele pasar de los fideos, el arroz y las tortas fritas con chocolatada.

Quien asuma al mando de Educación también agarrará otra brasa candente. Osvaldo Llancafilo, quien dejará esa cartera para asumir en la banca que dejará libre el gobernador electo en el Congreso Nacional, ha hecho una buena gestión: al menos, le ha puesto garra y objetivos políticos concretos a un ministerio que está condicionado por el propio sistema de conducción ideado, a través del asambleísmo permanente del CPE y con gran parte de las banderas entregadas al sindicalismo en los últimos 16 años. Llancafilo logró, por ejemplo, reducir el costo de las licencias médicas: de 29 por ciento de ausentismo por esa causa bajó a 25%... unos pocos puntos, pero que implican alrededor de 200 millones de pesos de ahorro por mes para el abultado (e ineficiente) presupuesto educativo.

Quien agarre esa brasa candente se encontrará con una burocracia política altamente ideologizada y puesta en actitud de insurrección permanente. Capaz de, por ejemplo, oler gas en las escuelas todo el tiempo, obligando a suspender clases para que después Camuzzi inspeccione y certifique que, en realidad, no ha pasado nada, más que la exacerbación del olfato mal intencionado.

En estos días, un artículo en un portal periodístico nacional-internacional (Infobae) hizo referencia a la sorprendente ideología predominante en los nuevos planes pedagógicos puestos en marcha en Neuquén, sobre la base de que la escuela es una herramienta utilizada por la clase dominante (la burguesía) para dominar a las clases populares, por lo que hay que “deconstruir” toda la historia de la educación argentina, meter a Sarmiento allí donde no da el sol, y construir una nueva educación que permita entender que llevamos más de cinco siglos de genocidio cultural a manos de las concepciones europeizantes.

Semejante mamotreto presuntamente progre no es más que la traducción de la insurrección permanente que se propone en contra de quienes conducen el Estado, ese mismo Estado que vive de Vaca Muerta (¡horror capitalista!) que paga los sueldos y permite, de manera casi suicida, este remedo de isla liberada en medio de la miseria de la realidad escolar neuquina, en la que, por ejemplo, una escuela (la 223) es incendiada (unos chicos se treparon al techo y provocaron el desastre) antes de las elecciones, por lo que sus alumnos reciben “clases rotativas” porque no encuentra, el Estado, o, mejor dicho, el CPE, lugares con las comodidades suficientes para albergar a esos homeless de guardapolvo.

Con estas realidades concretas se las verá el próximo gobierno.

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