En este país todavía se aprende cómo hacer eficiente a la democracia: superado el trauma de solazarse en su continuidad, a veces vacía, asegurada ya por la costumbre social la permanencia de un sistema, todavía resta que domine la inteligencia antes que la demagogia en el uso de los recursos económicos, que son la base para la vida en libertad, bajo el imperio de la Constitución y las leyes.
En estos trámites anda Neuquén, provincia que ya pasó por grandes oleadas de crecimiento con abundancia de recursos petroleros, malgastando la mayor parte con una llamativa ineficacia. El proceso ha sido duro, un aprendizaje impiadoso; y, con distintos gobiernos (más allá de la poca alternancia entre representaciones ciudadanas) se construyó en Neuquén una sociedad singular, con dos caras conviviendo y mirándose entre sí: la opulenta, y sonriente, del Estado asociado al petróleo; y la careciente, y amarga, cara del desamparo de quienes no lograron acceder a los beneficios del reparto.
Ahora, ya entrado el siglo 21, quebrada la hegemonía del MPN y su sistema con buenos y malos resultados, el actual gobierno, que lidera Rolando Figueroa, enfatiza, cada tanto, en la necesidad de la eficiencia desde el Estado. En tiempos en que se ha cuestionado nacionalmente el Estado en sí mismo, desde el llamativo anarco-liberalismo que encabeza Javier Milei y su hermana Karina, Neuquén, con Figueroa, asoma con una alternativa que es continuidad y a la vez cambio: el Estado eficiente.
Al menos, eso es lo que se dice, y algunas cosas que van apareciendo, señalan en esa dirección política, en medio de la efervescencia de un aluvión de posibilidades con mayores recursos, provenientes de la nueva ola petrolera, y gasífera, la que es posible gracias al desarrollo de la formación Vaca Muerta, nacido de la angustia del declive convencional, y alumbrado con mucho esfuerzo a partir de la primera década de este siglo.
La eficiencia desde el Estado es, sin duda, posible. No es fácil. Tiene dos grandes desviaciones, que suelen conjugarse: la corrupción, y la demagogia en el reparto.
El actual gobierno parece ser consciente de tales peligros. Hasta ahora, en el tercer año de su gestión, ha achicado el gasto innecesario (que suele ser corrupción pura, antes que negligencia), ha trabajado para aumentar los recursos, y ha predicado esa palabrita, “eficiencia”, sea en mención a las empresas públicas, o en general a los servicios estatales. En paralelo, ha mostrado ejemplos, como el de la drástica reducción de “ñoquis”, esa metáfora recurrente que alude directamente a bolsones de la administración pública que cobran sueldos sin dar nada a cambio.
Dos ejemplos se darán en esta columna, de cómo al menos se intenta ir en la dirección de la eficacia, y del consecuente castigo a la negligencia demagógica.
En la Justicia, se están realizando en estos días las audiencias de impugnación para las sentencias contra quienes resultaron responsables de la gran estafa con los planes sociales; en esta instancia, la fiscalía insiste con la aplicación de la figura de “asociación ilícita”, que brilló por su ausencia. Es un reclamo que no solo es técnico, sino profundamente político, y el gobierno de Figueroa lo impulsa decididamente, más allá de respetar la independencia de poderes. Implica un cambio muy necesario para pasar de la “democracia boba” a la “democracia inteligente”; es decir, de la impunidad de la negligencia culposa, a la rigurosidad de entender, y practicar, que se está al servicio del pueblo.
Otro ejemplo, lejos de los laberintos judiciales. Ocurrió este sábado.
Figueroa recorrió un edificio escolar nuevo, que se está terminando de hacer en San Patricio del Chañar. Estuvo con la ministra de Educación, Soledad Martínez, y con la de Infraestructura, Tanya Bertoldi. Estuvieron también los alumnos de ese establecimiento. Allí hubo una revelación increíblemente cruda, que verbalizó Martínez.
La funcionaria dijo: "La EPET 26 fue creada originalmente con orientación en Electromecánica, pero al funcionar íntegramente en tráileres no era posible instalar los talleres necesarios. Por eso se puso en marcha la orientación Maestro Mayor de Obras".
Eso fue en 2022, y una perfecta definición de la democracia boba: se hace una escuela con una finalidad, que se cambia, porque la estructura misma de lo que se hizo, no sirve. Hacer cosas mal, solo produce malos resultados. No hay eficacia allí.
En estas cosas anda Neuquén. Pasar de una democracia boba, a una inteligente, sería un gran paso.