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La política neuquina en tiempos de Messi y el Mundial

Todo está disimulado en estos días por el fervor de su majestad, la pelota, que corre por los verdes campos del verano del norte americano.

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Un mundial de fútbol, se juegue donde se juegue, es un foco para la atención ciudadana de argentinos, mucho más, con un seleccionado conducido por Lionel Messi, en su plenitud madura. Con altibajos, con buenas y malas, el desempeño futbolístico mete en una coctelera todos los humores sociales. Los políticos siguen en sus cosas, pero conscientes de que hay un factor, que, cada cuatro años, produce una rara catarsis, hacia el éxtasis o la depresión profunda, en la sociedad argentina.

Pasa con este Mundial de los tres países anfitriones. Cada victoria de Argentina (van cuatro) ha disparado la celebración popular en las calles. En Neuquén, hay ahora un centro de atención con promoción internacional, alrededor de la gigantesca escultura que se ha levantado, de Messi, en Cutral Co.

Es como una Meca mundialista en estos días. Allí se instalan pantallas gigantes, y, en medio del frío del invierno nacional, se agolpan los fanáticos de Argentina, pues, en tiempos de mundiales, el nacionalismo se exacerba y atraviesa la política polarizándola todavía más de lo habitual, ahora, entre libertarios y populistas de diversa índole.

La política circula casi en silencio entre los gritos de gol, las puteadas y las emociones exageradas. Pero está allí, activa. Preparando lo que será el proceso electoral 2027, cada quien, con sus armas, cada quien, con su pelota, y blandiendo la enseña patria.

El oficialismo neuquino, ese conglomerado con eje en Rolando Figueroa y la fase superior del provincialismo, se concentra en los hechos de gobierno: obras, obras y más obras, matizadas con jugadas políticas que oscilan entre la captación de enojos y la celebración de alegrías. El gobierno actúa como una gran red de pescador experimentado: lanza mensajes y hechos hacia la izquierda, teje compromisos ventajosos con la derecha, y navega con timón firme por el medio, motivado por la consigna de derramar beneficios sociales desde los grandes recursos de Vaca Muerta.

El oficialismo nacional juega sus bazas locales con cierto silencio, prudentemente. Sus piezas principales, los legisladores nacionales Nadia Márquez y Pablo Cervi, organizan encuentros con referentes, van tejiendo el entramado que permitirá medir fuerza propia, mientras los jefes, los hermanos Milei, atienden a la buena relación con el gobierno de Figueroa, sin aspavientos, midiendo las cosas hasta que se sepa qué es lo que más convendrá para el año próximo: si una confrontación electoral fuerte, o una de menor intensidad con algunas cuestiones charladas, y apuntadas al objetivo mayor, que es la reelección del actual presidente.

La tercera fuerza es un conglomerado todavía informe, en el que está el peronismo ambiguo y remanente, la izquierda, algunos sindicatos. Todavía no se ha definido bien la estrategia que presentará en las urnas, porque el peronismo está trabado, casi anulado, por la confrontación entre el cristinismo parrillista y los demás, y por la indefinición, casi preocupante, de cuál será el rol, esta vez, de Ramón Rioseco y su feudo, donde ahora campea la fea y gigantesca escultura.

La izquierda tiene la opción de sumarse a un frente, o seguir, como ha sido históricamente, recluida en su porcentaje minoritario pero útil a los fines de su capa dirigencial para profesionalizada. Y los sindicatos (estatales, mayormente) están atravesados por la duda de si conviene mover, o quedarse piola, tras las ventajosas paritarias que se acuerdan con el gobierno, es decir, el oficialismo provincial.

Todo está disimulado en estos días por el fervor de su majestad, la pelota, que corre por los verdes campos del verano del norte americano. Desde este gran contexto, sobrevendrá una gran alegría o una penosa tristeza, todavía no se sabe. Esto influirá en todos los distritos electorales, según cuál sea el resultado, acrecentando fervor o enojo, oficialismos u oposiciones. No será determinante, pero jugará en el humor social. Y el humor, se sabe, es importante en un país donde priman las emociones antes que los razonamientos.

 

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