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Nación amplía el RIGI para obras ferroviarias y el tren a Vaca Muerta vuelve a escena

Un nuevo decreto amplió qué obras ferroviarias pueden computarse dentro del régimen de grandes inversiones. La definición incluye renovación y transformación de infraestructura existente, una modificación que vuelve a poner en escena el corredor Bahía Blanca-Añelo.

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Miércoles, 19 de agosto de 2026 a las 11:29
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La modificación fue establecida mediante el Decreto 748/2026, publicado en el Boletín Oficial, y constituye un nuevo ajuste sobre la reglamentación del RIGI.

El Gobierno nacional modificó nuevamente la reglamentación del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y amplió el alcance de las obras de infraestructura ferroviaria que pueden quedar comprendidas dentro del esquema de beneficios. El cambio incorpora expresamente la renovación, sustitución y transformación de infraestructura existente, además de la construcción de nuevos tendidos y de obras accesorias necesarias para el funcionamiento de la logística ferroviaria.

La modificación fue establecida mediante el Decreto 748/2026, publicado en el Boletín Oficial, y constituye un nuevo ajuste sobre la reglamentación del RIGI. El cambio adquiere especial interés para Neuquén porque introduce una definición que coincide con la utilizada en la descripción oficial del corredor ferroviario Bahía Blanca-Añelo, una obra estratégica para ampliar las alternativas de transporte de insumos y producción vinculada con Vaca Muerta y que actualmente se encuentra suspendida.

La nueva norma modifica dos artículos del Anexo I del Decreto 749/2024, reglamentario del RIGI. Uno de ellos incorpora precisiones sobre qué debe entenderse por construcción dentro del sector de infraestructura ferroviaria. El otro reemplaza el artículo 60, referido a la ampliación de proyectos preexistentes que no estaban originalmente adheridos al régimen.

El punto central es que el Gobierno diferencia ahora con mayor precisión entre mantener una infraestructura existente y realizar una intervención que implique aumentar o transformar su capacidad.

Qué cambió en la letra chica

El nuevo texto establece que, en infraestructura ferroviaria, se considera construcción la ejecución de infraestructura nueva, pero también la renovación, sustitución, transformación o desarrollo de infraestructura existente. La definición incluye además la infraestructura accesoria necesaria para que puedan funcionar correctamente las operaciones logísticas y el transporte ferroviario.

La distinción no es menor. Según los fundamentos de la medida, las obras destinadas exclusivamente a conservación o mantenimiento no quedan alcanzadas por esta consideración. En cambio, las intervenciones que incorporen, renueven o transformen infraestructura pueden ser computadas dentro del universo de inversiones previsto por el RIGI. En otras palabras, el cambio amplía el margen para que un proyecto de infraestructura ferroviaria pueda ser considerado una inversión alcanzable por el régimen aun cuando no consista en construir una línea completamente nueva desde cero.

Ese punto puede resultar determinante para corredores existentes que requieren reconstrucción, renovación de vías, ampliación de capacidad, incorporación de tecnología o adecuación de instalaciones para soportar una operación de mayor escala.

La capacidad de transporte entra en la ecuación

La segunda modificación relevante aparece en el artículo 60 del Anexo I, que regula la denominada Ampliación de un Proyecto Preexistente no adherido al RIGI. El nuevo texto incorpora una precisión sobre cómo se acredita el incremento de la capacidad productiva instalada. Para determinados proyectos de infraestructura, ese aumento podrá verificarse a partir de un incremento comprobable de la capacidad de transporte, determinado mediante parámetros técnicos objetivos.

La definición abre una vía para vincular una obra de infraestructura con el aumento efectivo de la capacidad logística que genera. El concepto resulta particularmente relevante en el caso ferroviario: una inversión que permita transportar más carga, aumentar la frecuencia de las formaciones, mejorar las condiciones operativas o elevar la capacidad de un corredor podría ser evaluada bajo esta nueva lógica, siempre que cumpla con las restantes condiciones del régimen.

El antecedente que mira a Neuquén

La modificación reglamentaria llega mientras permanece en pausa uno de los proyectos ferroviarios más ambiciosos asociados al desarrollo de Vaca Muerta: la recuperación y modernización del corredor Bahía Blanca-Añelo. La conexión es estratégica para la industria porque permitiría vincular el complejo energético neuquino con Bahía Blanca y su infraestructura portuaria, industrial y logística.

El proyecto contempla la utilización de una traza ferroviaria existente y su renovación para adecuarla a las necesidades de una operación de mayor escala. Allí aparece la coincidencia con la nueva definición incorporada al RIGI: la normativa habla específicamente de renovación, sustitución, transformación y desarrollo de infraestructura existente.

La ficha oficial del corredor utiliza una expresión similar para describir el tipo de intervención previsto, lo que vuelve a colocar al proyecto en el radar cada vez que Nación modifica las condiciones para las grandes inversiones en infraestructura. Eso no significa que el decreto reactive automáticamente el tren ni que exista una nueva adjudicación para la obra. Pero sí modifica el marco regulatorio en el que podría analizarse una eventual inversión ferroviaria de gran escala.

Un proyecto clave para bajar costos en Vaca Muerta

Para Neuquén, el ferrocarril tiene una importancia que excede al transporte de pasajeros. La prioridad económica está vinculada con la logística de Vaca Muerta. El crecimiento de la producción no convencional incrementó el movimiento de arena, caños, equipos, insumos industriales, combustibles y otros materiales necesarios para la operación de los yacimientos. A medida que aumenta la actividad, también crece la presión sobre rutas y sistemas de transporte.

Una conexión ferroviaria de mayor capacidad permitiría trasladar grandes volúmenes de carga con una alternativa complementaria al transporte carretero. El impacto potencial también se extiende a la salida de la producción. La conexión con Bahía Blanca permitiría integrar Vaca Muerta con un nodo portuario e industrial de escala nacional y mejorar las opciones logísticas para petróleo, insumos y productos asociados al desarrollo energético. Para la industria, reducir costos y mejorar la previsibilidad logística es uno de los factores que pueden definir la competitividad de nuevos proyectos.

El decreto representa además una nueva intervención sobre la reglamentación del RIGI, que desde su implementación fue modificada en distintas oportunidades para ajustar definiciones, procedimientos y condiciones de acceso. Esta vez, el foco está puesto particularmente en infraestructura y en la forma de acreditar la ampliación de capacidad de proyectos existentes.

El cambio puede tener impacto en distintos sectores que requieren grandes inversiones y no necesariamente parten de una infraestructura completamente nueva. En el caso ferroviario, la diferencia entre construir desde cero y recuperar o transformar una infraestructura existente puede ser determinante para la estructuración financiera de un proyecto.

El RIGI fue diseñado para ofrecer condiciones especiales a grandes inversiones y busca atraer capital hacia proyectos considerados estratégicos. La infraestructura ocupa un lugar central porque muchas de las nuevas inversiones productivas dependen de contar con rutas, vías, ductos, puertos y sistemas de transporte capaces de acompañar el crecimiento.

El desafío: pasar de la norma a la obra

La modificación de la reglamentación abre una nueva discusión para Neuquén: si la ampliación de las herramientas disponibles para financiar grandes obras puede traducirse finalmente en infraestructura concreta para Vaca Muerta. El corredor Bahía Blanca-Añelo aparece como uno de los casos más evidentes. La obra está suspendida, pero la necesidad logística permanece mientras la producción de petróleo y gas de Vaca Muerta continúa creciendo.

La nueva letra del RIGI no garantiza por sí sola la recuperación del proyecto. Para que eso ocurra deberán aparecer una estructura de inversión, financiamiento, definición de trazado y condiciones económicas que hagan viable la obra. Pero el cambio regulatorio elimina, al menos en parte, una de las dudas sobre el encuadre de proyectos que no consisten únicamente en construir infraestructura nueva. Para Neuquén, la señal es relevante: si el desafío de Vaca Muerta es producir cada vez más, el próximo cuello de botella puede estar lejos del pozo y sobre las vías, las rutas y los puertos que deben sacar esa producción al mundo.

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