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“No es que la gente no tenga hijos, los tiene más tarde”: la explicación detrás de la baja natalidad

La tasa de fecundidad en Argentina cayó a uno de los niveles más bajos de su historia. El economista y demógrafo Rafael Rofman analizó los cambios que atraviesa la sociedad, las dificultades para concretar los proyectos familiares y una transformación que, según advierte, lleva décadas.

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Rofman: “Las decisiones sobre tener hijos son mucho más profundas”.

La Argentina está atravesando una profunda transformación demográfica. La tasa global de fecundidad cayó a alrededor de 1,2 hijos por mujer, muy por debajo de los 2,1 necesarios para garantizar el reemplazo poblacional.

Pero la ecuación no es tan simple como decir que los argentinos ya no quieren tener hijos. Una reciente encuesta nacional sobre intenciones reproductivas reveló que el 57% de las personas de entre 18 y 45 años todavía no alcanzó la cantidad de hijos que desearía tener si no existieran limitaciones.

Sobre este escenario habló Rafael Rofman, autor junto a Carola Della Paolera del libro La revolución demográfica, durante una entrevista en el programa Entretiempo, que se emite por AM550 y 24/7 Canal de Noticias.

Economista y demógrafo, Rotman puso la actual caída de la natalidad en perspectiva histórica, cuestionó algunas explicaciones simplificadoras y sostuvo que la transformación no implica necesariamente que las nuevas generaciones hayan renunciado a la maternidad o la paternidad.

 

La baja de la natalidad es una tendencia que comenzó en Europa y ahora también llegó a la Argentina. ¿Cómo hay que entender este fenómeno?

Sí, es un proceso muy largo. En realidad, empezó hace unos 250 años, primero en Francia e Inglaterra, y después se fue expandiendo de a poco. En Argentina la fecundidad empezó a bajar aproximadamente entre 1870 y 1880. Históricamente teníamos, como casi todas las poblaciones del mundo, algo así como siete hijos por mujer en promedio y esa cifra empezó a descender. Hubo momentos de estancamiento y otros en los que la caída se aceleró. En la última década fue más rápida que en períodos anteriores y hoy estamos en alrededor de 1,2 hijos por mujer. Es un valor bajo, aunque no es de los más bajos del mundo. Uruguay, Chile y Colombia, por ejemplo, tienen niveles inferiores. Lo que ocurre es que el mundo, en general, ha bajado mucho su fecundidad porque está completando este proceso de transición demográfica.

 

De nacer mucho y vivir poco a tener pocos hijos y vivir más

Históricamente nacíamos mucho y vivíamos poco. Ahora nacemos poco y vivimos mucho. Ese es el gran cambio demográfico que marcó estos siglos. La demografía, además, es una especie de ciencia de las alarmas. Nos acordamos de ella cuando nos asustamos. La primera gran discusión moderna apareció a fines del siglo XVIII, cuando Thomas Malthus advirtió sobre el crecimiento de la población. Después esa preocupación perdió fuerza y, a mediados del siglo pasado, volvió con la idea de la “explosión demográfica”. En los años 60 y 70 era un tema que estaba presente en todos lados, desde los organismos internacionales y las universidades hasta las historietas de Mafalda.

"Hubo momentos de estancamiento y otros en los que la caída se aceleró. En la última década fue más rápida que en períodos anteriores y hoy estamos en alrededor de 1,2 hijos por mujer. Es un valor bajo, aunque no es de los más bajos del mundo. Uruguay, Chile y Colombia, por ejemplo, tienen niveles inferiores", describió Rafael Rofman.

Uno de los casos más emblemáticos fue China, que llegó a limitar la cantidad de hijos por familia y después tuvo que cambiar esa política.

China es un caso muy particular. En un momento el gobierno decidió que ninguna familia podía tener más de un hijo. Fue una política con impactos muy graves sobre las familias. Hubo personas que ocultaban a sus hijos y también consecuencias muy dramáticas vinculadas con la preferencia por tener varones. La fecundidad bajó y ahora China intenta promover nuevamente los nacimientos, pero le está costando mucho. La gente no cambia de idea tan rápidamente. Es relativamente fácil imponer cambios con herramientas represivas o violentas, pero cuando después se intenta incentivar a las personas con bonos, subsidios o beneficios, eso no necesariamente funciona. Las decisiones sobre la maternidad y la paternidad son mucho más profundas. Tienen que ver con proyectos de vida a largo plazo.

 

¿La situación económica es una de las razones que explican la decisión de no tener hijos?

En general, lo que vemos es que la dinámica tiende a ser la contraria. Las sociedades más ricas son las que menos hijos tienen, no las que más tienen. La economía de corto plazo suele tener poco impacto en estas decisiones porque cuando una persona piensa en formar una familia está pensando en un proyecto de los próximos 30 o 40 años, no solamente en si este año la inflación subió o bajó. Lo que sí ocurre es que la fecundidad tiende a bajar en sociedades más urbanas, donde hay mayor acceso a la educación, las mujeres tienen más derechos y más posibilidades de participar en el mercado laboral. También influye que valoramos y cuidamos mucho más a nuestros chicos. Eso ocurre, en general, en sociedades con más desarrollo, más recursos y mayores niveles de bienestar.

"Las sociedades más ricas son las que menos hijos tienen, no las que más tienen. La economía de corto plazo suele tener poco impacto en estas decisiones porque cuando una persona piensa en formar una familia está pensando en un proyecto de los próximos 30 o 40 años, no solamente en si este año la inflación subió o bajó".

El debate sobre las mascotas y los hijos

En Argentina también existe la idea de que los perros y los gatos, o las mascotas en general, pasaron a ocupar el lugar de los hijos. ¿Coincidís con esa mirada?

Honestamente, no estoy de acuerdo con esa idea. Efectivamente tenemos más mascotas y las cuidamos de una manera diferente a como probablemente las cuidaban nuestros abuelos o bisabuelos. Tenemos más recursos y podemos dedicarles más atención. Pero me parece que decir que una mascota reemplaza a un hijo no es correcto. Hay un punto importante: lo que está ocurriendo no es que la gente no tiene hijos, sino que tiene menos hijos y los tiene más tarde. De hecho, una encuesta presentada recientemente por Naciones Unidas en todo el país mostró que las personas siguen queriendo tener, en promedio, alrededor de dos hijos. Después pueden encontrarse con dificultades, pueden postergar esa decisión o directamente no lograr concretarla. Pero no hay necesariamente un fenómeno en el que la gente diga: “No quiero tener hijos porque prefiero tener un perro o un gato”.

"Una encuesta presentada recientemente por Naciones Unidas en todo el país mostró que las personas siguen queriendo tener, en promedio, alrededor de dos hijos. Después pueden encontrarse con dificultades, pueden postergar esa decisión o directamente no lograr concretarla", sostuvo el especialista.

Tener hijos más tarde, una de las grandes transformaciones

Entonces, ¿el cambio también tiene que ver con el momento de la vida en que se decide tener hijos?

Exactamente. Hay jóvenes que deciden no tener hijos a los veintitantos años, como ocurría con mayor frecuencia en las generaciones anteriores, y prefieren hacerlo después de los 30. Y eso tiene lógica. Muchas personas quieren llegar a ese momento con una estructura familiar y económica más consolidada. Quieren estar en mejores condiciones para darle una mejor vida a sus hijos y, por eso, deciden esperar. La postergación no significa necesariamente renunciar a la maternidad o la paternidad.

 

La fuerte caída de los embarazos adolescentes

Rofman también destacó un dato que ayuda a explicar parte de la transformación demográfica argentina: el sector de la población en el que más cayó la fecundidad durante la última década fue el de las mujeres menores de 20 años.

"Eso tiene que ver con que logramos resolver un problema que era muy grave. Teníamos muchas adolescentes que tenían hijos y eso implicaba, en muchos casos, que no terminaran la escuela o que tuvieran dificultades para iniciar una trayectoria laboral. Ahora tenemos decenas de miles de jóvenes que todos los años pueden seguir construyendo una vida, una carrera y una trayectoria antes de tener que dividir su tiempo y su energía entre el trabajo y la familia. Probablemente muchas de ellas tendrán hijos eventualmente, pero algunos años más tarde", explicó.

 

La entrevista a Rafael Rofman en Entretiempo:

 

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