La cumbre de líderes de la OTAN inauguró en Ankara con un Foro de la Industria de Defensa —incluido por primera vez en una reunión de la alianza— en el que el secretario general Mark Rutte anunció compromisos de más de 40.000 millones de dólares para el sector en los próximos cinco años, lanzó la Iniciativa Drone Edge para fortalecer las capacidades antidrones y presentó la plataforma Front Door para facilitar el acceso de empresas privadas de defensa a los contratos de la alianza. También se anunció una iniciativa de cooperación industrial de 2.800 millones de dólares bajo la cual empresas como Lockheed Martin podrían asociarse con firmas europeas para producir en el Viejo Continente armamento de diseño estadounidense, incluyendo tanques Abrams y misiles ATACMS. Rutte reiteró además su presión para que los aliados eleven el gasto en defensa al 5% del PBI para 2035, en sintonía con los reclamos de Washington de que los europeos asuman una mayor parte de la carga militar de la alianza.
En paralelo a los anuncios de rearme, miles de manifestantes salieron durante el fin de semana a las calles de Estambul, Ankara e Izmir para protestar contra la expansión de los presupuestos militares, y este martes estudiantes, grupos socialistas y legisladores se reunieron frente a la sede de la cumbre para denunciar la "militarización" de la alianza. Las protestas reflejan una tensión social creciente en el país anfitrión, donde la presión de la OTAN para priorizar el gasto en defensa por encima del bienestar público genera una resistencia que el gobierno de Erdogan debe gestionar de manera simultánea a su papel de sede de la cumbre.
El encuentro bilateral entre Trump y Erdogan fue el momento más cargado de la jornada. El presidente estadounidense se deshizo en elogios hacia el líder turco —"tenemos una química que funciona, una gran relación"— y prometió levantar las sanciones impuestas durante su primer mandato por la compra turca del sistema de defensa antiaéreo ruso S-400. "Vamos a levantar las sanciones... es hora de ello... no queremos sancionar a nuestros amigos", declaró Trump, aunque el camino está lleno de obstáculos: el Congreso estadounidense debe votar sobre parte de las sanciones, Netanyahu se opone públicamente al regreso de Turquía al programa F-35 por las malas relaciones entre Ankara e Israel, y la reexportación de los S-400 a un tercer país requiere el permiso de Moscú para los sistemas que llevan desde 2017 almacenados sin ser desplegados. La cumbre de Ankara es, en ese contexto, un microcosmos de todas las tensiones que atraviesan a una alianza que intenta reinventarse en un mundo donde sus propios miembros tienen intereses cada vez más difíciles de conciliar.