El Tribunal Supremo Federal de Brasil condenó de manera unánime a Eduardo Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, a cuatro años y dos meses de prisión en régimen semiabierto, ocho años de inhabilitación y una multa de 100 salarios mínimos, por haber coaccionado a la justicia brasileña al presionar al gobierno de Donald Trump para que impusiera sanciones contra los magistrados que juzgaban a su padre. Los cuatro jueces de la Primera Sala del tribunal, los mismos que en septiembre pasado condenaron a Jair Bolsonaro a 27 años de prisión por tramar un golpe de Estado tras perder las elecciones de 2022, consideraron que Eduardo instigó los aranceles con que Trump castigó a Brasil para boicotear ese proceso judicial. El tribunal también determinó la pérdida inmediata de su cargo como empleado de la Policía Federal. Eduardo, conocido en el clan como "03", fue juzgado en ausencia desde Texas, donde reside desde principios de 2025, y respondió en X con una frase que resume su estrategia defensiva: "Me quieren callar".
El caso condensa en un solo veredicto la trama de interferencia internacional que marcó el juicio a Bolsonaro padre: Eduardo se instaló en Washington a fines de febrero de 2025 argumentando que la justicia brasileña intentaría impedirle salir del país, se acercó a la administración Trump, y poco después EE.UU. anunció sanciones contra los magistrados brasileños y utilizó el juicio como justificación para imponer aranceles a Brasil, que Trump calificó de "caza de brujas". El magistrado Alexandre de Moraes, instructor de los juicios contra ambos Bolsonaro, fue categórico al pedir la condena: "Los actos delictivos del entonces diputado Eduardo Bolsonaro perjudicaron a todo el país y no intimidaron a este tribunal". Cabe señalar que los aranceles impuestos a Brasil fueron posteriormente anulados por la Corte Suprema de Estados Unidos.
La condena llega en un momento políticamente delicado para el bolsonarismo: Brasil se acerca a las elecciones de octubre, el expresidente cumple su pena de 27 años en su chalé de Brasilia con problemas de salud, y su primogénito Flávio —senador y precandidato presidencial— se perfila como el principal nombre de la derecha para enfrentar a Lula. La inhabilitación de Eduardo por ocho años lo deja fuera del tablero electoral por el ciclo completo, aunque su rol como nexo con la red internacional de populismo de extrema derecha —que incluye contactos con la administración Trump y con referentes europeos— no depende de un cargo formal. Lula y Trump coinciden este martes y miércoles en el G7 en Francia, pero no está previsto que se reúnan, en una señal de que la tensión bilateral generada por el caso Bolsonaro sigue sin resolverse.