La administración de las Islas Malvinas rompió el silencio y lanzó una contundente advertencia diplomática tras conocerse que el Pentágono evalúa retirar el respaldo histórico de Washington a la soberanía británica sobre el archipiélago. Un portavoz del gobierno local fue tajante: "La autodeterminación es un derecho humano fundamental consagrado en el artículo uno, párrafo dos, de la Carta de las Naciones Unidas".
La reacción kelper apuntó directamente al documento interno del Departamento de Defensa estadounidense, revelado por Reuters, en el que se sugiere utilizar el apoyo a las "posesiones imperiales" europeas como moneda de cambio para presionar a los aliados de la OTAN que no acompañaron las operaciones militares contra Irán. Como respaldo adicional a su postura, la administración isleña recordó que en 2013 se realizó un referéndum "observado internacionalmente" en el que el 99,8 por ciento de los votantes, con una participación del 92 por ciento, se pronunció a favor de continuar siendo un territorio de ultramar del Reino Unido.
Londres no tardó en sumarse al rechazo. Un vocero de Downing Street fue categórico al afirmar que la postura británica no ha cambiado y que el derecho de los habitantes del archipiélago es "primordial". El funcionario remarcó que la soberanía recae exclusivamente en el Reino Unido y que esa posición fue transmitida "de forma clara y coherente a las sucesivas administraciones estadounidenses", en una respuesta que busca contener cualquier fisura en la relación bilateral con Washington. Las declaraciones de los isleños fueron replicadas de inmediato por los principales medios británicos —The Telegraph, The Times y The Independent— en un clima de creciente incertidumbre sobre el vínculo entre Londres y la Casa Blanca.
La escalada diplomática también tuvo réplica inmediata en Buenos Aires. El canciller Pablo Quirno utilizó sus redes sociales para rechazar la postura británica y calificar la situación como "colonial", vigente desde 1833. A esas palabras se sumó el presidente Javier Milei, quien ratificó el reclamo histórico con una frase de fuerte carga simbólica: "Las Malvinas fueron, son y siempre serán argentinas". El cruce de declaraciones dibuja un escenario inédito en décadas: por primera vez desde la guerra de 1982, el respaldo de Estados Unidos a Gran Bretaña en la disputa por el archipiélago aparece, al menos, como algo que ya no puede darse por sentado.