El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se reúne a puerta cerrada en su sede de Nueva York para celebrar una segunda votación indicativa orientada a definir al próximo secretario general del organismo. En esta instancia clave, los 15 miembros del Consejo evalúan de forma anónima a los ocho candidatos que buscan suceder a António Guterres al finalizar su segundo mandato el próximo 31 de diciembre.
Cada representante asigna una de tres calificaciones a los postulantes —"apoya", "no apoya" o "sin opinión"— en un proceso decisivo que se desarrolla en medio de un clima de marcadas divisiones geopolíticas.
La contienda actual refleja dos pretensiones históricas de la diplomacia global: por un lado, el principio de alternancia geográfica que encabeza América Latina para reclamar el liderazgo de la ONU; por el otro, la creciente presión internacional para que una mujer asuma por primera vez el máximo cargo ejecutivo en los 80 años del organismo.
Esta combinación de demandas explica por qué la mayoría de los aspirantes provienen de la región latinoamericana y por qué cinco de las ocho candidaturas están representadas por mujeres.
Tras el primer sondeo realizado a finales de julio, la costarricense Rebeca Grynspan encabeza las preferencias tras lograr el mayor número de respaldos.
Sin embargo, la nómina definitiva mantiene una alta competitividad con la presencia de figuras internacionales de amplio recorrido, entre las que destacan la chilena Michelle Bachelet, el argentino Rafael Grossi, la ecuatoriana María Fernanda Espinosa y diplomáticos de relevancia provenientes del continente africano como Macky Sall y Olara Otunnu.