La violencia sexual fue utilizada de manera recurrente contra civiles y prisioneros de guerra en Ucrania como parte de un patrón sistemático de tortura, coacción e intimidación. Así lo concluyó la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos a través de un informe de 20 páginas, elaborado a partir de registros judiciales, documentos oficiales y entrevistas confidenciales con sobrevivientes de los abusos perpetrados por ambos bandos desde el inicio de la invasión en febrero de 2022 hasta julio de este año.
El documento registró un total de 1.004 casos confirmados, una cifra que la jefa de la Misión de Observación de los Derechos Humanos en Ucrania, Danielle Bell, definió como una fracción de la escala real del problema. El 89 % de las agresiones fueron atribuidas a las fuerzas armadas, los servicios de seguridad y las autoridades penitenciarias de la Federación Rusa, mientras que el 11 % restante se adjudicó a organismos del Estado ucraniano. Las autoridades de la ONU remarcaron que casi la mitad de las denuncias correspondientes al bando ucraniano consistieron en amenazas verbales, marcando una asimetría en alcance y gravedad respecto a los métodos empleados por las tropas de ocupación.
El reporte detalló que la mayoría de las víctimas documentadas fueron hombres sometidos a abusos en centros de detención, aunque las agresiones también afectaron a mujeres y menores en territorios bajo control ruso, abarcando un rango de edad entre los 4 y los 82 años. Entre las prácticas denunciadas se incluyen violaciones individuales y grupales, vejaciones con objetos y aplicación de descargas eléctricas en los genitales mediante dispositivos de campaña. Ante la gravedad de los hallazgos, el alto comisionado Volker Türk instó a Moscú a adoptar medidas concretas para frenar los abusos y exigió a ambos gobiernos investigar de manera imparcial las denuncias para sancionar a los responsables.