El presidente saliente de Colombia, Gustavo Petro, aprovechó su último discurso oficial para lanzar una interpretación tan peculiar como polémica del Mundial 2026: según el mandatario, Argentina y Colombia perdieron el torneo "por codicia y falta de humildad", mientras que España ganó "porque se ayudan entre sí". La reflexión, que desconcertó a más de uno entre su audiencia, llegó en el contexto de un balance de su gestión en materia educativa, donde destacó que el 97% de los estudiantes colombianos accede a la universidad pública de forma gratuita. "Como era en Argentina", añadió, para rematar: "Era, porque Milei acabó con eso; por eso Argentina perdió el Mundial del Fútbol y Colombia también por lo mismo", en una de las conexiones causales más originales que un jefe de Estado haya establecido entre la política educativa y los resultados deportivos.
La declaración no fue un exabrupto aislado: Petro ya había generado controversia antes del Mundial cuando despidió a la selección colombiana con una reflexión filosófica sobre el arameo y el principio de que "el último será el primero", y durante el torneo había adelantado que Colombia y Argentina perderían, algo que le valió "miradas feas" según él mismo reconoció. En su discurso final, el mandatario también aprovechó para advertir a su sucesor, el ultraderechista Abelardo de la Espriella, que los logros educativos que el presidente electo heredará —incluyendo 500.000 nuevos cupos universitarios— son fruto de su presupuesto y sus programas, no de la nueva administración: "Ojo, Abelardo va a sacar pecho, pero por estos programas y este dinero".
El discurso de cierre de Petro sintetiza el estilo de un mandato que combinó reformas sociales concretas con una retórica que a menudo desbordó los límites de lo convencional. Colombia termina su gestión con el 97% de universitarios en el sistema público, aumentos reales del salario mínimo y una reducción de la pobreza, pero también con la peor ola de violencia en una década y las negociaciones de paz con las guerrillas estancadas. Su sucesor De la Espriella asumirá el 7 de agosto con el mandato de un electorado dividido casi exactamente al medio y un país que, para usar la metáfora futbolística del propio Petro, deberá aprender a ayudarse entre sí antes de volver a intentar ganar.