Las fuerzas rusas lanzaron cohetes contra la localidad de Pechenigy, en la región de Járkov, matando al menos a diez personas y dejando ocho heridas en un ataque que dañó viviendas particulares y comercios, según informó el gobernador Oleg Synegubov. El ataque ocurre en paralelo a una escalada sin precedentes en los ataques de largo alcance de ambas partes: la noche del lunes, Ucrania dirigió 620 drones hacia la región de Moscú, con "las consecuencias más graves" en el distrito de Pavlovsky Posad, donde una vivienda quedó destruida por el fuego y varias personas resultaron heridas. La presión sobre Moscú llegó a tal punto que los organizadores del Festival Internacional de Música Militar Spasskaya Tower —previsto desde el viernes en la plaza Roja— anunciaron su postergación hasta 2027 "por motivos ajenos a su voluntad", en lo que constituye la segunda restricción de un evento emblemático en ese espacio: en mayo, el Ministerio de Defensa ya había suprimido el material militar del desfile del Día de la Victoria por temor a ataques ucranianos de largo alcance.
La campaña ucraniana sobre la infraestructura energética rusa y los ataques rusos sobre la red eléctrica ucraniana configuran una guerra paralela de desgaste económico que se intensifica a medida que el frente terrestre permanece estancado a lo largo de los 1.250 kilómetros de línea de contacto. Naftogaz Group informó que sus instalaciones fueron atacadas en 13 ocasiones durante la última semana, elevando el total a casi 300 desde comienzos de año, con graves daños en equipamiento y capacidad de producción aunque sin víctimas entre sus empleados. El grupo energético DTEK reportó un muerto —un hombre de 52 años— tras un ataque ruso que provocó un incendio en una de sus minas. Las autoridades ucranianas temen que Moscú profundice esta campaña durante el invierno, usando el frío como arma para minar la voluntad de resistencia de la población. Del lado ucraniano, los drones alcanzaron almacenes de Wildberries —el principal comercio online ruso, equivalente a Amazon— a hasta 2.000 kilómetros de la frontera ucraniana, en una señal de que ningún punto del territorio ruso está fuera de alcance.
Las cifras de víctimas civiles revelan la dimensión humana de esta escalada. La ONU documentó 437 civiles ucranianos muertos en julio, un 70% más que en el mismo mes de 2025, en lo que coincide con la intensidad creciente de los bombardeos rusos sobre bloques de viviendas, puertos, escuelas y hospitales. El total acumulado desde el inicio de la invasión a gran escala en febrero de 2022 supera los 17.000 civiles muertos según el organismo internacional. Con el frente inmovilizado por drones y robots, ambas partes apuestan por la guerra aérea de largo alcance como mecanismo de presión mientras las negociaciones de paz siguen congeladas y el invierno se acerca con toda la amenaza que implica para una Ucrania cuya red eléctrica ha sido atacada casi 300 veces en ocho meses.