El presidente Donald Trump afirmó que su administración está "en las etapas finales" de las conversaciones de paz con Irán y que está dispuesto a esperar unos días para obtener la "respuesta correcta" de Teherán. "Estamos en las etapas finales con Irán. Veremos qué pasa", declaró ante la prensa, en un tono que combina optimismo cauteloso con la amenaza implícita de siempre. "O tendremos un acuerdo o haremos algunas cosas un poco desagradables. Pero esperemos que eso no suceda", agregó. Trump también descartó considerar un "acuerdo limitado" centrado únicamente en la reapertura del estrecho de Ormuz, dejando en claro que Washington busca un entendimiento integral que incluya garantías nucleares, y señaló que mantuvo una conversación "muy buena" con el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, uno de los mediadores clave en el proceso.
Del lado iraní, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Esmaeil Baqaei, confirmó que Teherán recibió una nueva propuesta estadounidense y que la está examinando, en coincidencia con la visita a la capital iraní del ministro del Interior de Pakistán, otro de los países que actúa como intermediario. "Hemos recibido los puntos de vista de la parte estadounidense y actualmente los estamos examinando. La presencia del ministro del Interior de Pakistán tiene como objetivo facilitar el intercambio de mensajes", declaró Baqaei a la televisión estatal. Al mismo tiempo, el funcionario reiteró las condiciones que Teherán mantiene sobre la mesa: la liberación de los activos iraníes congelados en el extranjero y el fin del bloqueo naval estadounidense a los puertos iraníes.
El escenario diplomático que se configuraes el más esperanzador de las últimas semanas, aunque no el primero que genera esa percepción sin derivar en un acuerdo concreto. Trump postergó el martes pasado un ataque militar que estaba programado para ese mismo día, tras el pedido de Qatar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, en una señal de que los países del Golfo consideran que hay margen real para un entendimiento. La participación simultánea de Turquía y Pakistán como mediadores, junto con el respaldo implícito de China —que acordó con Trump en Pekín que Irán no puede tener armas nucleares—, configura una arquitectura diplomática sin precedentes alrededor de un conflicto que lleva casi tres meses causando estragos en la economía global.