El presidente Donald Trump escaló su conflicto con la primera ministra italiana Giorgia Meloni al publicar en Truth Social un meme con una foto editada de la líder italiana mirándolo, acompañada del texto "Se necesita una orden de alejamiento", insinuando que Meloni está obsesionada con él. La publicación es el último capítulo de una disputa que fue deteriorando en pocas semanas una relación que hasta hace meses era presentada como el eje del vínculo entre Washington y Europa: Meloni había sido la aliada más cercana de Trump en el Viejo Continente y llegó a actuar como mediadora entre las posiciones divergentes de Estados Unidos y los socios europeos. El detonante de la ruptura fue la negativa de Italia a involucrarse en la guerra con Irán, que llevó a Trump a criticar públicamente a Meloni en abril por su falta de "valentía", y desde entonces el conflicto no hizo más que profundizarse.
En junio, durante la cumbre del G7 en Francia, Trump afirmó que Meloni había buscado repetidamente la oportunidad de tomarse fotos con él y que "me suplicó que me hiciera una foto con ella. Tenía tantas ganas de hacerse una foto conmigo. No me habría hecho la foto, pero me dio pena". Meloni respondió con dureza calificando las declaraciones de "completamente inventadas" y lanzando una frase que se convirtió en declaración de principios: "Hay una cosa que él debería recordar: ni yo ni Italia suplicamos jamás". Italia canceló entonces una visita oficial a Estados Unidos en respuesta a lo que calificó de declaraciones "ofensivas", llevando la relación diplomática entre ambos países al límite.
El meme marca un punto de quiebre difícil de revertir. Trump ha aplicado con Meloni el mismo patrón que usó con Zelenski, con el papa León XIV, con Netanyahu y con otros líderes que en algún momento se negaron a seguirle el paso: el sometimiento público y la ridiculización como herramienta de presión. Pero a diferencia de otros casos, la ruptura con Meloni tiene una dimensión adicional: era su principal credencial de que la Europa conservadora estaba de su lado. Perder ese vínculo —o convertirlo en un conflicto abierto— deja a Trump más solo en un continente donde ya no le quedan aliados confiables tras la derrota de Orbán y la tensión sostenida con el resto de los líderes del G7.