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Amnistía Internacional alerta por los ataques de Milei al periodismo y advierte sobre el riesgo de autocensura

La organización cuestionó las descalificaciones del Presidente contra periodistas y medios y señaló que el problema excede las agresiones personales: puede generar un efecto intimidatorio sobre toda la prensa.
 

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Directora ejecutiva de Amnistía Internacional Argentina, Mariela Belski.

Amnistía Internacional Argentina expresó su preocupación por la creciente confrontación del presidente Javier Milei con periodistas y medios de comunicación y advirtió que la reiteración de insultos y descalificaciones desde el poder puede terminar afectando el ejercicio de la libertad de prensa.

La directora ejecutiva de la organización, Mariela Belski, sostuvo que el problema no debe reducirse al estilo confrontativo del mandatario. A su entender, cuando las agresiones contra periodistas se vuelven sistemáticas y provienen directamente del jefe de Estado, pueden producir un efecto que trasciende a quienes son señalados públicamente.

 “El objetivo de los insultos es silenciar para generar autocensura”

El principal riesgo, según explicó, es la autocensura: que periodistas y medios comiencen a evitar determinadas investigaciones, preguntas o publicaciones por temor a sufrir represalias, ataques públicos o acciones judiciales. “El objetivo de los insultos es silenciar para generar autocensura”, afirmó Belski.

La preocupación de Amnistía Internacional también incluye las dificultades que pueden surgir para el acceso de los periodistas a la información oficial y el uso de herramientas judiciales contra profesionales de la comunicación. En este último punto, la organización advierte sobre el posible efecto intimidatorio de demandas que, más allá de su resultado, pueden generar costos y presión sobre quienes investigan o cuestionan al poder.

El planteo no supone, sin embargo, que los periodistas estén exentos de cometer errores o de recibir críticas. La propia Belski reconoce que existen cuestionamientos hacia Milei que pueden ser considerados injustos o excesivos. La discusión, en ese sentido, pasa por los límites y las herramientas utilizadas desde el poder para responder a esas críticas.

Desde una perspectiva institucional, el conflicto adquiere una dimensión mayor. En una democracia, el Presidente tiene derecho a cuestionar informaciones que considere falsas y a defender su gestión, pero la prensa también cumple la función de investigar, preguntar y controlar a quienes ejercen el poder.

La advertencia de Amnistía Internacional apunta precisamente a ese punto: el problema no sería una agresión aislada, sino la posibilidad de que una dinámica de confrontación permanente termine modificando el comportamiento de los medios y periodistas.

El debate también vuelve a poner sobre la mesa una discusión que excede al actual Gobierno. Belski señaló que durante administraciones anteriores también existieron episodios de presión y enfrentamiento con la prensa. Para la organización, la defensa de la libertad de expresión no debería depender de quién gobierna, sino constituir un principio aplicable a todos los espacios políticos.

En ese marco, la discusión sobre Milei y el periodismo no se limita a una disputa entre el Presidente y determinados comunicadores. Lo que está en juego, según la mirada de Amnistía Internacional, es si el clima de confrontación puede terminar instalando un mecanismo de silenciamiento indirecto, en el que no sea necesario prohibir una información para limitar la libertad de prensa: alcanza con generar el temor suficiente para que algunos decidan no publicarla.



 

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