Con ecos nacionalistas diversos, producto de un momento político que al gobierno de los hermanos Milei le salió mal, y a quienes se oponen a ese gobierno, muy bien, sigue vigente el debate sobre lo que se dio en llamar “extranjerización de la tierra”, y resulta oportuno apuntar aquí, con fines estrictamente periodísticos, las ventas de tierras argentinas que se concretaron en la década del ’90, cuando gobernó el país el peronista Carlos Menem (1989-1999).
Hubo compras importantes, circunscriptas a magnates y empresas extranjeras, principalmente en la Patagonia, también en Neuquén. Se dio el debate entonces, pero las operaciones se concretaron, con el aval explícito del presidente riojano.
Por ejemplo, en 1991, la familia de Luciano Benetton compró la histórica corporación británica Compañía de Tierras del Sud Argentino (CTSA) por unos 50 millones de dólares.
Esta operación sumó alrededor de 900.000 hectáreas distribuidas en estancias dentro de Chubut, Río Negro, Santa Cruz y Buenos Aires. El territorio se destinó a la producción lanera ovina y ganadería a gran escala. Se generaron fuertes conflictos territoriales, con comunidades mapuches y la representación política de esa etnia, la Federación Mapuche.
En 1996, el multimillonario británico Joe Lewis recaló también en la Patagonia a través de su empresa Hidden Lake S.A. Compró inicialmente unas 8.000 hectáreas que luego se expandieron a más de 12.000, en la provincia de Río Negro. La polémica principal de esta compra radicó en que las tierras rodean por completo al Lago Escondido, por lo que se restringió el acceso público.
El estadounidense Ted Turner, fundador de la cadena de noticias CNN, y para entonces marido de la actriz Jane Fonda, compró estancias a mediados de la década de 1990. Adquirió decenas de miles de hectáreas en la zona de Collón Curá, en Neuquén, y la estancia La Primavera, en el área del río Traful, además de extensiones en Tierra del Fuego.
Douglas Tompkins, también estadounidense, ecologista y fundador de la marca The North Face, concretó en los años 90 la compra masiva de tierras con “fines de conservación ambiental”. Si bien su foco principal estuvo en los Esteros del Iberá (provincia de Corrientes), adquirió cientos de miles de hectáreas con el objetivo, declarado, de “restaurar ecosistemas”.