El impacto de la guerra en Medio Oriente ya se siente fuera del frente de batalla y empieza a proyectarse directo sobre los hogares argentinos. El precio del gas natural licuado (GNL) se disparó en medio del conflicto y encendió alarmas sobre cuánto costará calefaccionarse este invierno.
El escenario no es menor: el país todavía depende de importaciones para cubrir la demanda en los meses de mayor consumo, y ese abastecimiento ahora se volvió más caro y más incierto.
Un invierno con números que no cierran
Cada año, Argentina necesita reforzar su sistema energético con la compra de cargamentos de GNL. Para este invierno, se estima que harán falta más de 20 barcos para cubrir el faltante.
La diferencia es que ahora esos cargamentos llegan en medio de un mercado internacional tensionado. Los valores actuales anticipan un sobrecosto cercano a los 500 millones de dólares, una cifra que cambia por completo el escenario previsto meses atrás.
Cambio de esquema en plena suba de precios
La importación de GNL ya no estará a cargo del Estado, como ocurría a través de ENARSA con financiamiento del Tesoro. El nuevo esquema establece que una empresa privada asuma el costo de compra y luego venda el gas en el mercado interno.
El plan fue diseñado en un contexto internacional más estable. Hoy, con precios en alza y mayor incertidumbre, se mantiene sin modificaciones.
Tarifas bajo presión
El punto crítico aparece en el traslado de esos costos. Quien resulte adjudicatario de la licitación tendrá la posibilidad de trasladar el valor del gas a los usuarios.
En paralelo, la Secretaría de Energía ya ajustó el período tarifario para que el impacto se concentre en los meses más fríos: del 1 de mayo al 30 de septiembre.
Esto significa que el aumento no quedará diluido a lo largo del año, sino que coincidirá con el momento de mayor consumo.
Vaca Muerta, sin capacidad suficiente
A pesar del crecimiento de Vaca Muerta, la infraestructura para transportar el gas producido todavía no alcanza para cubrir toda la demanda interna en invierno.
Esa limitación obliga a seguir dependiendo del mercado externo, justo cuando los precios atraviesan uno de sus momentos más inestables.
Un impacto que llega por duplicado
El encarecimiento del gas no es el único frente. La suba internacional del petróleo también presiona sobre otros costos energéticos.
Desde el punto de vista fiscal, ese aumento puede compensar parte del gasto. Pero en los hogares el efecto es distinto: pagar más por el gas y también por otros servicios vinculados a la energía.
Con la licitación en marcha y los precios internacionales en tensión, el invierno empieza a tomar forma con un dato que atraviesa todo el sistema: el costo de la energía vuelve a escalar y esta vez no llega de a poco.