ENERGÍA ELÉCTRICA

Un Estado, administrador o estratégico

La demanda cayó el 6,2%, la oferta disminuyó 5,8% y los costos se incrementaron el 71,3%.
miércoles, 10 de abril de 2019 · 13:17

Como todo mercado en el cual el Estado no interviene, los bienes y servicios se rigen por la ley de oferta y demanda. En la Argentina, desde hace muchos años, el Estado tiene un rol asignado en la formación de costos y precios.

Lo importante, para cualquier país, es entender cuándo y en qué debe tener un rol administrador o estratégico. En este último punto, no debería regir las condiciones del mercado, sino los resultados de tener una Nación económica y energéticamente independiente de otros estados.

Cuando se analiza la demanda total de energía eléctrica –según el informe del IAE- se observa que se redujo en un 6,2% mientras que solo se percibe un aumento en la variación de la demanda residencial. Es decir, todos los indicadores interanuales arrojaron variación negativa en correlación con los indicadores de la actividad económica e industrial publicada recientemente por el INDEC.

 

 

Para el Instituto Argentino de Energía, la caída de 6,8% en el consumo residencial podría ser consecuencia de los factores climáticos, teniendo en cuenta que el mes de febrero registró temperaturas templadas; pero, también existe la fuerte restricción al consumo de parte de la población, producto de las diferentes actualizaciones en los valores del Kw/hora.

Para comprender si el Estado deber tener un rol administrador o estratégico es necesario conocer la oferta energética del país. Este dato arroja el total de la energía generada (propia e importada) para alimentar los distintos consumos (residencial, comercial e industrial). Al analizar el cuadro de la oferta neta se observa que la misma disminuyó el 5,8%, es decir paso de generar 11.770 GWh en febrero de 2018 a producir 11.086 GWh en febrero de este año; un valor inferior a los 11.377 GWh correspondiente a la generación media mensual. Es decir, el país generó y consumió menos energía, lo que se traduce en menos industrias y comercios y consecuentemente meno movimiento económico.

 

 

Hasta el momento hemos visto que la oferta y la demanda tienen una tendencia declinante producto de varios factores. Es momento de analizar los costos y los precios de la generación para interpretar las decisiones que tomó el gobierno y poder comenzar a tomar una posición sobre el rol del estado en materia energética.

Los datos indican que en febrero de 2019 el costo promedio de la generación eléctrica tuvo un incremento del 71,3% mientras que el precio promedio que paga la demanda aumentó el 115,2%.

 

 

Con estos valores, el precio que se paga solo alcanza a cubrir el 80% de los costos de generación debiendo cubrir la diferencia con subsidios del Estado. Como dato comparativo, en febrero de 2018 solo se llegó a cubrir el 64% de los costos, lo cual implica que durante el ejercicio 2018/2019 la recuperación de los costos de generación logró un importante avance.

 

Sin embargo, con el esfuerzo que ha hecho la población en pagar la recomposición tarifaria el gobierno aún no ha logrado el objetivo de nivelar el precio y sus costos. El Estado, por un lado, sigue interviniendo con subsidios para sostener la generación y la demanda.

 

Es difícil cambiar el paradigma social. Y mucho más difícil es definir si el Estado deber cumplir el rol administrador o estratégico en el mercado eléctrico. Cuando observamos que la industria energética -el motor de una Nación- arroja indicadores negativos en función a su capacidad y demanda, es momento de comenzar a pensar si solo alcanza con ser un “buen” administrador.

 

Aquí radica la visión política y, consecuentemente, la nueva agenda para los próximos meses. Quizás los candidatos presidenciales entiendan la definición que formó parte del núcleo de coincidencias básicas, formulado por el grupo de Ex Secretarios de Energía en la Declaración de Compromiso del 2015, y publicado por Daniel Montamat el 4 de abril en el diario Clarin: “cuando los precios de la canasta energética reflejan sus costos económicos, los únicos subsidios justificables son aquellos focalizados en la demanda para asistir a los consumidores vulnerables por su condición socioeconómica”.

 

Para los que intentan “ser políticos”, se sugiere que estudien otras economías con las características similares a nuestro país, e imaginen al mercado como un niño que debe comenzar a soltarse lentamente de las manos de sus padres.

 

Para que el mercado crezca y se consolide será necesario que comience a caminar sin que (el papá Estado) le quite el “andador”, generándole la suficiente autoconfianza para no volver a depender del propio Estado.

 

Esta medida aparentemente intervencionista responde más a una regla psicológica que económica, y tienen efecto tanto en el padre (Estado) como en el niño (mercado). Este simple y pequeño juego define claramente el rol estratégico o administrador que un gobierno le impone al rol del Estado.

 

Por Raúl Oscar Vila

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