Un hombre de 55 años, que volvía de Neuquén a Cipolletti, fue sorprendido manejando borracho. El test arrojó 1,08 gramos de alcohol en sangre y terminó con la camioneta secuestrada en pleno control nocturno en la Ruta Nacional 22. El episodio expone, una vez más, a quienes deciden ponerse al volante completamente fuera de la ley y con un riesgo evidente para todos.
El hecho ocurrió en un control frente a la unidad del Cuerpo de Seguridad Vial. En ese lapso, mientras se revisaban decenas de vehículos, apareció una Renault Duster gris que no llamó la atención por su estado, sino por quien iba al volante. Un hombre de 55 años que, lejos de cualquier excusa, manejaba borracho.
El test fue lapidario. 1,08 gramos por litro de alcohol en sangre. No es un descuido, no es un error: es una decisión. Y una decisión que, a esa hora, en la ruta, puede terminar en tragedia.
Por eso, la intervención fue inmediata. La camioneta quedó secuestrada y la licencia retenida. El conductor no siguió un metro más. Y aunque el procedimiento fue rutinario, el dato sacude: alguien en ese estado ya estaba circulando, compartiendo la vía con familias, trabajadores y otros conductores.
Mientras tanto, el resto del operativo dejó números que pasan a segundo plano. Se controlaron 89 vehículos, se labraron cuatro infracciones y se detectaron otras irregularidades. Sin embargo, todo queda opacado por ese caso que vuelve a poner sobre la mesa una conducta que se repite: manejar después de tomar, como si no pasara nada.