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Viernes 03 de Abril, Neuquén, Argentina
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De Apolo a Artemisa: la misión que busca instalar al ser humano en la Luna

A más de 50 años de las misiones Apolo, la humanidad vuelve a mirar de cerca a la Luna con Artemis II. El divulgador científico Denis Martínez analizó el alcance de este nuevo capítulo espacial, explicó por qué es clave para el futuro y destacó el rol de Argentina en una carrera que ya no es simbólica, sino estratégica.

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Artemis II es la primera misión lunar tripulada desde el programa Apolo.

La humanidad vuelve a escribir una página decisiva en la historia de la exploración espacial. Con la misión Artemis II en pleno viaje hacia la Luna, el interés global se reaviva como no ocurría desde los tiempos de Apolo 17. Esta vez, sin embargo, el objetivo es mucho más ambicioso: no se trata solo de llegar, sino de quedarse.

Desde Las Grutas, donde desarrolla actividades de astroturismo y divulgación científica desde 2020, el cipoleño Denis Martínez sigue de cerca cada paso de la misión. Y su mirada aporta claridad en medio de un fenómeno que combina ciencia, geopolítica y futuro.

“Estamos presenciando una nueva etapa de la exploración espacial. Es la continuidad de lo que comenzó en 1969, pero con otro objetivo completamente distinto”, explicó este viernes en el programa Entretiempo por AM550. En ese sentido, remarcó que mientras el programa Apolo “fue quien plantó la bandera”, Artemis apunta a algo mucho más trascendente: “permitir que el ser humano pueda vivir en la Luna”.

La NASA compartió las primeras imágenes de la Tierra tomadas desde la cápsula Orión.

Una misión clave, aunque sin alunizaje

A diferencia de lo que muchos creen, Artemis II no aterrizará en la superficie lunar. Se trata de la primera misión tripulada del programa y su objetivo central es probar todos los sistemas en condiciones reales. “La cápsula Orión va a llevar astronautas que no van a entrar en órbita lunar, sino que van a hacer un giro alrededor de la Luna y regresar a la Tierra”, detalló Martínez. Ese recorrido permitirá evaluar desde los sistemas de soporte vital hasta la capacidad operativa de la tripulación.

Durante el viaje, que dura aproximadamente diez días, se realizan pruebas críticas: simulaciones médicas, ensayos con trajes espaciales, funcionamiento de sistemas de aire y hasta cuestiones cotidianas como el uso del baño en microgravedad.

“Se prueba absolutamente todo. Incluso qué pasa si un astronauta sufre un problema cardíaco. Son ensayos fundamentales para las futuras misiones donde sí se buscará alunizar”, explicó.

Un hito clave del programa espacial estadounidense.

¿Por qué se tardó más de medio siglo?

Una de las preguntas inevitables es por qué la humanidad dejó de ir a la Luna durante más de 50 años. La respuesta, según Martínez, es una combinación de factores económicos, tecnológicos y políticos.

“En los años 70 se había cumplido el objetivo de la Guerra Fría: demostrar quién llegaba primero. Después se perdió el interés y además era extremadamente costoso”, señaló. A eso se sumó un cambio de prioridades: el desarrollo de estaciones espaciales y satélites.

Hoy el escenario es diferente. La carrera espacial se reactivó, pero con nuevos protagonistas. “Hay una competencia muy fuerte, especialmente con China, que viene avanzando en silencio pero a gran velocidad. Es posible que llegue primero a la Luna nuevamente”, advirtió.

Uno de los aspectos más impactantes de esta misión es la tecnología disponible. A diferencia de las misiones Apolo, hoy la experiencia se vive casi en tiempo real. “Estamos viendo imágenes en vivo, recibiendo datos y fotografías tomadas por los propios astronautas. Es casi un reality”, graficó Martínez.

Entre esas imágenes, hay una que resume todo: la Tierra vista desde decenas de miles de kilómetros de distancia. “En esa foto estamos todos. Está lo bueno y lo malo de la humanidad. Es una imagen que te hace reflexionar”, dijo el divulgador.

El divulgador científico Denis Martínez analizó el alcance de este nuevo capítulo espacial.

El rol argentino en la misión

Uno de los puntos que Martínez destacó con énfasis es la participación de Argentina en el programa Artemis. El país desarrolló el microsatélite Atenea, un dispositivo clave para medir la radiación en zonas críticas del espacio profundo.

“Es fundamental porque más allá de la órbita terrestre ya no tenemos la protección del campo magnético. Saber cuánta radiación recibe el cuerpo humano es clave para futuras misiones”, explicó. El satélite, desarrollado junto a la universidad pública, ya cumplió su misión y envió datos que serán analizados para planificar los próximos pasos. “Es un orgullo enorme. Argentina está participando en algo histórico”, subrayó.

 

El futuro: volver para quedarse

El programa Artemis es, en esencia, una hoja de ruta hacia la colonización lunar. Aunque todavía falta desarrollar tecnologías clave —como el módulo de alunizaje—, el objetivo es claro. “No se trata de ir a la Luna como antes. Se trata de establecer presencia permanente”, explicó Martínez.

Empresas privadas como SpaceX o Blue Origin ya trabajan en ese desafío, lo que muestra que la exploración espacial dejó de ser exclusivamente estatal.

La humanidad vuelve a escribir una página decisiva en la historia de la exploración espacial.

Más allá de la tecnología y la competencia global, Artemis II también tiene un impacto simbólico profundo. Según Martínez, la mayoría de la población mundial nunca vivió un evento como este.

“Más del 70% de las personas tienen menos de 30 años. Nunca vieron algo así. Es una oportunidad única para conectar con la ciencia y entender hacia dónde vamos”, reflexionó. Y dejó una frase que sintetiza el sentido de esta misión: “En esa imagen de la Tierra está todo lo que somos. Depende de nosotros qué hacemos con eso”.

La Luna vuelve a estar cerca. Pero esta vez, el desafío no es llegar primero, sino construir futuro.

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