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El boomerang que voló 18 años en medio de la incertidumbre argentina

Un fulgurante viaje en el tiempo para unir hechos y personajes de la historia política argentina.

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El boomerang es un artefacto ideado por los nativos australianos, que servía para cazar o para simplemente divertirse, diseñado para ser lanzado con fuerza al aire, volar en una trayectoria que, según la pericia del lanzador, podía ser letal, y volver al punto de partida.

Tal instrumento tecnológico ha servido también como metáfora, para ilustrar situaciones sociales, para representar algo que, como esa arma, vuela y vuelve al punto de partida, a veces en perjuicio de quien lo ha lanzado sin mayor experiencia.

En la historia argentina, hubo un boomerang metafórico, que voló desde el 23 de septiembre de 1955 hasta la misma fecha de 1973.

Fueron 18 años, que pasaron entre la asunción en la presidencia argentina del teniente general Eduardo Lonardi, tras derrocar, mediante la denominada “revolución libertadora”, a Juan Domingo Perón; y las elecciones que consagraron al general retornado, con 62 por ciento de los votos, como presidente argentino, nuevamente.

Lonardi ya estaba enfermo de cáncer cuando asumió la presidencia tras aquel golpe de Estado; su situación de salud tuvo mucho que ver para que, apenas 51 días después, los mismos camaradas de armas lo desplazaran, liderados por Pedro Eugenio Aramburu, quien asumió a su vez como presidente provisional, o, mejor dicho, de facto.

Aramburu encontró la muerte por ejecución de la organización Montoneros, en 1970. Lonardi, en cambio, murió como consecuencia de su cáncer a poco de dejar el mando. Había viajado a los Estados Unidos, con la intención de someterse a un tratamiento médico, y allí los especialistas determinaron que la enfermedad era irreversible. Regresó a Buenos Aires, donde murió, en 1956, a los 59 años.

Juan Domingo Perón, después de un breve periplo en su huida tras la destitución, se radicó en Madrid. En esos 18 años que estuvo sin poder volver a la Argentina, también su salud se fue deteriorando. En 1973, tras la renuncia de quien había ganado las elecciones ese año, Héctor Cámpora, se presentó nuevamente como candidato y triunfó ampliamente. Pero ya estaba muy enfermo.

Murió al año siguiente, el 1 de julio, y asumió la presidencia su viuda, Isabel Martínez, quien todavía vive, después de haber sido depuesta por el golpe de 1976, encarcelada, y, finalmente, exiliada, también en España.

El boomerang metafórico recorrió esos 18 años entre Lonardi y Perón, pero no se detuvo: sigue su vuelo en este 2026, entre las cenizas empecinadas del peronismo, y las renacidas del fuego liberal que encarnaron en el actual presidente, Javier Milei, quien se pasea por el mundo predicando las bondades de ser de derecha y antítesis del singular populismo argentino.

El arma nacida en Australia, cada tanto, algo golpea, algo rompe, sin que, casi nunca, quede algo construido.

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