En Bariloche, entre montañas que remiten a paisajes europeos y una historia atravesada por migraciones, memoria y naturaleza, una casa comenzó a resignificar su propio destino. Lo que alguna vez fue un refugio familiar hoy abre sus puertas como un espacio de encuentro donde conviven la ciencia, el arte y la curiosidad.
La directora ejecutiva del programa Las Golondrinas, Marina Pampín, es una de las impulsoras de este proyecto que busca tender puentes entre disciplinas y públicos diversos. “Nos interesa que el arte sea también una puerta de entrada, una forma de acercar ideas complejas desde la sensibilidad, sin necesidad de un conocimiento previo”, explica.
De casa familiar a proyecto cultural
Casa Las Golondrinas no nació como una iniciativa institucional, sino como una historia familiar que fue mutando con el tiempo. La propiedad perteneció a la familia Loew, de origen francés, que llegó a la Argentina escapando de la guerra y encontró en Bariloche un paisaje que les recordaba a los Alpes.
“Allí construyeron esta casa de veraneo, pensada para habitarla en ciclos, en ese ir y venir que finalmente le dio su nombre: Las Golondrinas”, relata Marina. Con el paso de los años, los hijos regresaron a Europa y la casa comenzó a utilizarse de manera esporádica, lo que abrió un interrogante sobre su futuro.
Ese proceso derivó en una decisión clave: donar la propiedad a la Fundación Balseiro. “La familia imaginó un espacio donde arte y ciencia pudieran dialogar. Esa idea es el núcleo que hoy estructura el proyecto”, señala.
Actividades abiertas y convocatorias
Hoy, Casa Las Golondrinas -:ubicada en Av. Ezequiel Bustillo Km 2.950- funciona como un espacio activo, con una programación diversa que incluye exposiciones, conciertos, talleres, encuentros y residencias. La propuesta combina iniciativas científicas y artísticas, pero sin jerarquías rígidas.
“La ciencia tiene una presencia importante, pero no excluyente”, aclara Marina, y agrega: “el proyecto no es elitista, sino todo lo contrario: busca ampliar el acceso”.
Para sostener esa apertura, el espacio lanzó una convocatoria abierta a fines de 2025, que recibió postulaciones de Argentina, Latinoamérica y Europa. “La selección estuvo a cargo de un comité mixto… y dio como resultado 18 propuestas que comienzan a presentarse a partir de fines de marzo”, detalla.
Además, el espacio mantiene una dinámica flexible: “la idea es que el proyecto se mantenga dinámico, abierto a nuevas colaboraciones y en permanente construcción”.
Ciencia, cultura y nuevos proyectos
El corazón del programa Las Golondrinas está en el cruce entre disciplinas. Ese enfoque se materializa también en iniciativas específicas como Labo Balseiro y “Migración de ideas”.
En el primer caso, se trata de una propuesta educativa orientada a estudiantes: “a través de experimentos, se pueden transmitir conceptos teóricos en acción”, explica Marina sobre las cajas diseñadas para trabajar en escuelas junto a docentes.
Por su parte, “Migración de ideas” forma parte de un ciclo de encuentros que busca acercar la ciencia a la comunidad. “Son eventos… que buscan informar, inspirar e integrar a la ciudadanía en temas de ciencia y tecnología”, resume.
En definitiva, Casa Las Golondrinas se consolida como un espacio en movimiento, fiel a su nombre: “un lugar de tránsito, de intercambio, donde distintas miradas se encuentran”.