En Paso Aguerre, el paso del tiempo no borró la presencia de Jorge “Moncho” Águila. A 44 años de su muerte en la guerra de Malvinas, su historia sigue viva en la memoria del pueblo y, sobre todo, en los recuerdos de quienes compartieron la vida cotidiana con él. Entre ellos, su primo Carlos Águila, que revive cada escena con una mezcla de emoción y cercanía.
“Yo no lo veo como que está muerto. Lo veo como si estuviera con nosotros, en el campo”, contó en diálogo con Entretiempo por AM550. La frase no suena simbólica, tiene tono de certeza. Para él, Moncho sigue presente en esos paisajes donde crecieron juntos.
Carlos recuerda la vida compartida en el campo
La infancia fue compartida. Crecieron en la misma casa, entre tareas rurales, familia y caballos. “Nos criaron mi papá, mi mamá y mi abuelo. Éramos como hermanos”, recordó.
En esas imágenes aparece también una de las pasiones más fuertes de Moncho: los caballos. “Andaba siempre a caballo, era su vida”, describió Carlos. El nombre de su compañero inseparable todavía resuena en el relato: Poncho Negro.
Ese vínculo con el campo es parte de lo que hoy también se homenajea en cada cabalgata que llega a Paso Aguerre. Jinetes de distintas localidades recorren kilómetros para recordar a ese joven que, antes de ser soldado, era un muchacho de vida rural.
La despedida que quedó grabada para siempre
Entre todos los recuerdos, hay uno que vuelve con fuerza. Es el último encuentro antes de que Moncho partiera. “Salimos juntos a la chacra y me dijo en secreto que no le dijera a nadie: ‘No sé si va a haber guerra… no sé si vamos a volver’”, relató. En ese momento no dimensionó el peso de esas palabras. “No le di importancia”, admitió. Con el paso de los años, esa frase se transformó en una marca imborrable.
La noticia caló hondo en la familia y en toda la comunidad. Sin teléfonos, todo circulaba por radio. “Escuchábamos que habían caído soldados. Mi hermana dijo enseguida: ‘Monchito cayó ahí’. Nosotros no queríamos creerlo”, contó.
La confirmación llegó de otra manera. “A la mañana temprano vimos una camioneta que paró en casa. Mi mamá se desmayó. Ahí supimos todo”, recordó. El impacto fue colectivo: “Para nosotros fue el fin del mundo. Todo el pueblo lloró”.
La comunidad mantiene viva la memoria
A más de cuatro décadas, cada homenaje reúne a más personas en cada actividad que se organiza en la zona. “Se junta gente de todo el valle, desde Picún hasta Paso Aguerre. Y cada vez vienen más chicos”, destacó Carlos.
La cabalgata es uno de los momentos centrales. Los jinetes llegan al pueblo, se encuentran con vecinos y participan de las actividades que continúan en el museo y el cementerio, donde descansan sus restos. Allí también están parte de las historias que construyen la memoria: fotos, cartas y objetos personales que permiten conocer quién era Moncho más allá del uniforme.
La entrevista completa: