¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Logo Am2022
PUBLICIDAD

El fotógrafo de las épocas cambiantes en la Neuquén de los dos siglos

El hombre que fue clave en la evolución del periodismo gráfico con la nueva democracia en Neuquén.

Agregar Mejorinformado en
Agrega Mejorinformado a tus medios preferidos en Google
PUBLICIDAD

El ser humano tiende, en estos días de celebraciones fáciles acotadas al mundo virtual de las redes digitales, a acumular festividades y recordatorios sectoriales o personales; en ese fárrago imposible de desentrañar por el método de la entidad, hay uno este 21 de septiembre, que señala el Día del Fotógrafo (hay otros) por la llegada al país del primer daguerrotipo, una de las primeras expresiones tecnológicas de la captura de imágenes.

La evolución tecnológica no se detiene, parece acelerarse, y la irrupción de la Inteligencia Artificial ha terminado por relativizar todas las actividades humanas que tienen algo de artesanal: El alma de las cosas permanece inestable en este proceso que iguala malamente, y que, muchas veces, no requiere de más pericia que la de elegir el software adecuado.

En 1986, cuando volvió a instalarse un diario en Neuquén, con la pretensión de competir con el que ya estaba consolidado, el Río Negro, llegaron varios profesionales del rubro periodístico -que entonces era más amplio, integrando varias profesiones y técnicos- a trabajar en esa nueva intentona gráfica. Entre ellos, llegó, desde La Plata, provincia de Buenos Aires, un fotógrafo: Rodolfo Garavaglia. Conocido, ya en esa época y desde antes, como “Barullo”.

Todo era muy artesanal. La fotografía, también. Lo artesanal se metía, en un diario, en el proceso industrial. Los diarios eran una cadena de producción que arrancaba desde el contenido, y seguía después por un laberinto veloz, finamente calculado en tiempos exactos, hasta llegar a la rotativa, en donde se generaba la magia final de imprimir en papel el trabajo de todos.

Barullo Garavaglia sabía de ese proceso. En aquel tiempo, las fotos se hacían con máquinas analógicas. Había que revelar, y copiar, las fotos. Se trabajaba con rollos de película que había que medir en razón de los costos del celuloide. Los fotógrafos estaban obligados a elegir con precisión cada toma, pues no había oportunidad, a veces, más que para dos o tres capturas.

Barullo consiguió, en aquellos años iniciáticos, fotos memorables de hechos igualmente importantes: la erupción de Copahue, el incendio del pozo gasífero en Filo Morado, el hombre que se prendió fuego en Neuquén, la pueblada de Cutral Co y Huincul… testimonios que han quedado, ya digitalizados convenientemente para esta era de inteligencias artificiales y redes en las que cualquier cacatúa se siente Gardel.

Los diarios tenían varios fotógrafos, pues era necesario contar con muchos y, en lo posible, mejores, para estar a tono con la exigencia periodística y poder competir. En el caso de El Diario del Neuquén y su sucesor, La Mañana del Sur, y después LMN, alrededor de Barullo se sumaron fotógrafos de gran valía: Pepe Delloro, Pepe Mateos, Mario Mosca, Claudio Espinoza, Lito Egea, y otros, más jóvenes, que se fueron agregando, producto de la misma escuela, es decir, el propio diario, en el que no solo se trabajaba, sino que también se aprendía.

En la década del ’90, se vivió la primera gran transformación tecnológica, cuando se comenzó a pasar, gradualmente, de la fotografía analógica a la digital. Fue un proceso rápido, pero con escalas, con máquinas que rápidamente se fueron perfeccionando, hasta llegar a dar una prestación profesional de excelencia, y mucho más barata, pues no había que gastar en películas, ni medir la cantidad de fotos; también se simplificó el proceso pues la foto digitalizada entraba directamente en el proceso de armado del diario, sin más trámite que el de la elección periodística.

Barullo Garavaglia hizo escuela en aquellos tiempos, atravesó la transición con la prepotencia de la que hablaba Roberto Arlt, superó las dificultades e impuso el criterio ese que no se compra en el supermercado, el del criterio para discernir dónde y cuándo estaba la noticia que importaba. No llegó a ver cómo el celular tornaba cada vez más inútiles las cámaras fotográficas; cómo los diarios morían inexorablemente; como el proceso seguía acelerándose, quién sabe hacia dónde.

Barullo murió en agosto de 2017, ya jubilado, ya neuquino hasta la médula, y con él se fue una parte importante de lo que se hizo, en fotografía periodística, por estos lares. Hoy, en este día que también es el de la primavera y el del estudiante, lo recuerdo tan claro como en las fotos, le hago un guiño con el ojo, y le prometo que el olvido, en este caso, no triunfará.

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD