Una abuela y su nieto avanzaban lentamente entre música, percusión y cientos de personas en pleno centro de Bariloche. Los dos personajes, construidos como títeres gigantes de casi tres metros de altura, terminaron fundidos en un abrazo frente al público. La escena duró apenas unos minutos, pero alcanzó para convertirse en uno de los momentos más conmovedores de la última edición del Festival Internacional de Teatro de Títeres Andariegos.
Detrás de esa intervención estuvo la Escuela 190 de Ñirihuau, un paraje ubicado a unos 30 kilómetros de Bariloche, cuyos estudiantes y docentes trabajaron durante semanas en la creación de “Mirta” y “Lautaro”: una abuela y su nieto recuperado. La propuesta se presentó en el tradicional Desfile de Gigantes, una actividad callejera que forma parte de la apertura del festival y que cada año reúne agrupaciones artísticas, escuelas y colectivos culturales de distintos lugares de la región.
Cómo nacieron Mirta y Lautaro
La idea nació a partir de la temática elegida para esta edición del festival: “Identidad y memoria: reflejos de la vida y de la historia”. A partir de esa consigna, la artista plástica y docente de la Escuela, Belén Ramírez, propuso trabajar sobre el vínculo entre una abuela y su nieto recuperado.
“De ahí surge la idea de crear dos títeres, una abuela y su nieto recuperado, con una puesta en escena donde un abrazo sería el eje central”, explica.
El proyecto involucró a estudiantes de distintas edades y permitió trabajar técnicas diferentes según cada grupo. El títere del niño fue realizado por los cursos más pequeños, junto al jardín anexo y con participación de las familias. “La cabeza se realizó con una piñata y cartapesta, realizando detalles en papel maché”, cuenta la docente.
En paralelo, los grupos más grandes construyeron a la abuela utilizando metal desplegable yesero, herramientas de modelado y capas de cartapesta. También participaron en la estructura interna, los brazos articulados hechos con botellas plásticas y los puntos de anclaje necesarios para manipular figuras de semejante tamaño.
“Los trabajos de pintura fue lo que más tiempo llevó y participaron todos los grupos. Finalmente obtuvimos dos títeres de aproximadamente tres metros de alto”, describe Belén.
La escena se completó con un relato grabado especialmente para la presentación. Junto a otros docentes, la escuela produjo un audio que narraba la búsqueda, el paso del tiempo y el reencuentro final entre ambos personajes. “Destaco el hermoso trabajo realizado por mi compañero Fabián Agosta, que le dio vida a esa idea. Derivó en un relato hermoso que emociona a todos”, señala.
Qué es el Festival Andariego
El Festival Internacional de Teatro de Títeres Andariegos es uno de los encuentros culturales más importantes de Bariloche y desde hace más de dos décadas reúne elencos, artistas y propuestas de teatro de títeres de distintos puntos de Argentina y Latinoamérica.
Cada edición comienza con el llamado “Desfile de Gigantes”, una intervención artística callejera en la que participan escuelas, talleres, organizaciones y colectivos culturales con enormes figuras construidas artesanalmente. Las calles céntricas de la ciudad se convierten entonces en un escenario abierto donde conviven teatro, música, danza y representaciones ligadas a la memoria y las identidades locales.
La Escuela 190 participa desde hace años de esa actividad y para Belén ya forma parte de la identidad institucional. “La escuela participa hace varios años en el desfile de títeres, por lo que ya es casi una tradición”, explica.
La docente también tiene una historia personal con el festival. “Yo participo hace siete años del desfile y mi primer acercamiento fue como espectadora. Quedé fascinada”, recuerda. A partir de entonces comenzó a involucrarse en la producción de gigantes junto a organizadores del evento que le enseñaron técnicas y recursos que todavía utiliza.
La propuesta de este año, además, tuvo una dimensión íntima y emocional. “Como los títeres tenían dos técnicas diferentes, se buscó alguna conexión entre ellos para transmitir que lo genético también estaba presente”, relata. Esa conexión apareció en los ojos: ambos personajes tenían heterocromía.
“Propuse realizar dos títeres con heterocromía porque recientemente perdí a un hermano que los tenía así y mis maravillosos estudiantes me acompañaron en esa idea. El arte nos ayuda a transmitir, pero también nos ayuda a sanar”, expresa.
Más allá del desfile
La devolución del público sorprendió incluso a quienes habían trabajado en el proyecto. Durante el desfile, vecinos, turistas y familias siguieron la escena en silencio y muchos terminaron emocionados con el abrazo final entre Mirta y Lautaro.
“Llevamos todo al desfile inaugural e hicimos la puesta en escena, con una hermosa respuesta de la comunidad”, cuenta Belén. La repercusión fue tan grande que la organización del festival decidió repetir posteriormente la intervención para quienes no habían podido verla.
Pero el trabajo no terminó con el desfile. Los títeres continúan formando parte de distintas actividades culturales y educativas impulsadas por la escuela. “Una vez finalizado el desfile los utilizamos en eventos y muestras en diferentes espacios, y algunos, al finalizar el año, los he regalado a jardines”, explica la docente.
También destaca el esfuerzo colectivo que implicó participar desde una escuela rural ubicada fuera de Bariloche. “Las familias acompañan el proyecto ya que deben movilizarse desde Ñirihuau hasta Bariloche para el desfile. Es un esfuerzo que valoramos enormemente”, señala.
Entre cartapesta, pintura, estructuras de madera y botellas recicladas, la historia de Mirta y Lautaro terminó convirtiéndose en mucho más que una producción escolar. Fue una forma de hablar de identidad, memoria y vínculos desde el arte, pero también de transformar una experiencia comunitaria en una escena capaz de emocionar a toda una ciudad.