¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Logo Am2022
PUBLICIDAD

Síndrome del tigre: el trastorno del gato que provoca agresividad hacia sus tutores

Un animal sin estímulos puede atravesar estados emocionales que van desde la monotonía hasta agresividad real con mordiscos y arañazos.

Agregar Mejorinformado en
Agrega Mejorinformado a tus medios preferidos en Google
Miércoles, 21 de octubre de 2026 a las 14:30
PUBLICIDAD
El animal puede pasar de la calma al ataque y comportarse como un depredador con las personas con las que convive.

El llamado “síndrome del tigre” en gatos de departamento, describe episodios de agresividad asociados a ansiedad en espacios cerrados, sobre todo cuando carecen de estímulos, sienten hambre y canalizan sobre sus tutores el impulso de caza. 

Este trastorno afecta a algunos gatos que no pueden salir al espacio exterior: el animal puede pasar de la calma al ataque y comportarse como un depredador con las personas con las que convive, lanzándose sobre las piernas, manos o brazos dentro de la vivienda.

Lejos de ser agresivos, lo que en realidad atraviesan es una situación de malestar, un claro ejemplo de ansiedad. Una de las causas frecuentes es que el felino haya pasado sus primeras semanas o años con acceso al exterior. Allí podía perseguir insectos, cazar, observar otras criaturas y moverse en un ambiente más variado. Una vez en el departamento perdió todos esos estímulos.

El gato tiene picos naturales de actividad, al amanecer y al anochecer cuando necesita cazar. Si durante el día permanece en un espacio donde nada se mueve, la única presencia activa en esos momentos suele ser el humano con quien convive.

El problema puede agravarse con la alimentación: el felino come naturalmente en forma fraccionada, pequeños consumos a lo largo del día. Si recibe comida solo a la mañana y por la noche, puede quedar con hambre durante horas.

Cuando juega, con el humano o con otro animal, controla muy bien los mordiscos y arañazos. Puede dar zarpazos sin sacar las uñas, no pretende hacer daño. Sin embargo en la agresión depredadora, no es un juego, hiere en serio, ataca de verdad, luego se va y puede volver a atacar. Como medida preventiva se recomienda que un gato destinado a vivir en departamento, haya crecido siempre en ese entorno. No conviene encerrar a uno que ya conoció la calle o una vida con salida al exterior, porque  esa referencia previa va a requerir más estímulos.

La combinación entre hambre y falta de estímulos genera tensión y aumenta su excitación, así las agresiones a pies y manos suelen intensificarse. “El aburrimiento genera  frustración, la frustración genera ansiedad.”

La reacción de los tutores puede empeorar la situación, si la persona grita, lo empuja o golpea tras un ataque, el gato no comprende esa respuesta y puede comenzar a temerle. A partir de allí, la agresividad deja de estar ligada solo a la depredación y pasa a incorporar un componente de miedo.

Algunos continúan atacando para evitar el acercamiento, mientras que otros desarrollan un cuadro depresivo. En ambos casos es un ser que sufre: “un gato ansioso es un gato enfermo”.

Cuando juega, con el humano o con otro animal, controla muy bien los mordiscos y arañazos. Puede dar zarpazos sin sacar las uñas, no pretende hacer daño. Sin embargo en la agresión depredadora, no es un juego, hiere en serio, ataca de verdad, luego se va y puede volver a atacar.

Como medida preventiva se recomienda que un gato destinado a vivir en departamento, haya crecido siempre en ese entorno. No conviene encerrar a uno que ya conoció la calle o una vida con salida al exterior, porque  esa referencia previa va a requerir más estímulos.

Los felinos necesitan observar su entorno y pasar tiempo cerca de las ventanas, con acceso visual a pájaros, vehículos o transeúntes. Se recomienda colocar muebles o soportes para que puedan trepar.

También se pueden adaptar las paredes e instalar estantes que le permitan subir a lugares altos y desplazarse de un punto a otro, ofrecerles juguetes variados y renovarlos con frecuencia para que no pierdan el interés.

Es importante jugar con ellos por la mañana y por la noche, en sus momentos de mayor actividad y ofrecerle de forma lúdica, pequeñas raciones para que busque el alimento.

Si con todo esto no lograra adaptarse, se sugiere reubicarlo con alguien que realmente lo quiera y que tenga casa con jardín. Otra opción es buscarle un compañero/a, aunque no es seguro que esta decisión pueda ayudar, debe evaluarse esta posibilidad con calma y cuidado.

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD