Historias Vivas

A los 74, es el cultivador de tulipanes más antiguo de Sudamérica 

Todos los octubres repiten el mismo escenario: Hay un cachito de Bariloche que se tiñe de paraíso.
lunes, 9 de noviembre de 2020 · 10:47

Por Cecilia Russo
Especial desde Bariloche

Miles de tulipanes, de los más variados colores, florecen en la chacra “Danubio”, propiedad de Pedro Smekal y sus hermanos. Este austríaco de 74 años, llegó a Argentina a la edad de 2, escapando con su familia de la hambruna y la posguerra europea y en busca de una mejor vida. En 1948, arribaron a Villa Ballester, provincia de Buenos Aires, se dedicaron a la cría de gallinas y gallos, y a la elaboración de embutidos. Pero a mediados de los´50, los Smekal emigraron hacia la Patagonia donde siguieron con las tareas de campo.

 

 

Pasaron los años, y Pedro, llegando a la edad adulta, realiza un viaje que será clave para su vida y para el atractivo de este espacio barilochense que se ubica en Península San Pedro, a unos 22 kilómetros del centro de la ciudad andina. Por entonces, a fines de los ´60, retornaba al Viejo Continente, en donde se encontró con el secreto de los tulipanes.

Primero, fue su abuela Guillermina quien le transmitió el amor por las plantas, mientras Pedro observaba cómo ella cuidaba sus casi dos mil tulipanes. “Ella vivía en una ciudad a 85 kilómetros de Viena, en lo que hoy es la República de Eslovaquia. En todas las casas se hablaba alemán, ya que se consideraban alemanes por sus antepasados. Me enseñó en latín los nombres de todas las variedades de tulipanes que existen”, confesó.

 

 

Luego, Pedro trabajó en el campo de un exportador holandés – “los que más saben de esto” – para aprender los secretos del cultivo de estas flores.

Con todo ese saber, Pedro volvió a Argentina, su familia ya estaba instalada en Bariloche, y desde entonces no deja de sorprender a visitantes, curiosos y fanáticos de la floricultura.

En aquel momento, “Danubio” era una granja de gallinas ponedoras y cada uno de los hermanos Smekal – son tres – separaron las labores. Pedro eligió las plantas.

Allí, son miles los tulipanes que marcan los senderos. Pedro tiene alrededor de 15 variedades (en el mundo existen 500 aproximadamente). Abundan los amarillos, blancos, violetas, rosas y unos de color naranja que se confunden con el atardecer; incluso hay otros negros que captan la atención particular de cada visitante. Pero también hay narcisos, jacintos y crocos.

 

 

El cultivo de estas flores pasó a ser su terapia y un trabajo que siempre manejó en solitario. En casi dos horas llega a plantar casi 800 bulbos de tulipanes, “sin mucho esfuerzo”, comenta.

“Hay que conocer muy bien el ciclo de los tulipanes y ponerlos en un lugar adecuado. Es una planta que necesita atenciones mínimas y es importante observar el estado sanitario porque, a diferencia de otras, puede contraer virus y hongos. Pero no sólo se enferma la planta, sino que también, se enferma la tierra”, explica Pedro.

Ahora, su hijo Martín de 22 años es quien lo ayuda y, también, aprende del oficio. Además, juntos decidieron abrir las puertas de “Danubio” al público para que los visitantes, que se multiplican por cientos en esta época, accedan a comprar y a consultar sobre el cultivo de tulipanes y otras flores.

 

 

Hace pocos días, además, el Senado de la Nación, de la mano de la parlamentaria rionegrina Silvina García Larraburu, distinguió a Pedro Smekal con un Diploma de Honor y se elevó un proyecto de declaración que destaca su ejemplo de vida, esfuerzo y trabajo.

Hoy, Pedro es el cultivador más antiguo de Sudamérica. Con todo, ni Austria, ni Holanda, ni Buenos Aires lograron alejar a Pedro de su rincón patagónico, de su estilo de vida pausado y campero. Su vida lleva el pulso de la naturaleza y el color de las flores que lo rodean: “Trato que mis tulipanes se mantengan sanos, al igual que yo”.

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