Historias Vivas

La hermosa historia del "Caminante de las tres Américas"

Martín comenzó recorrió 23.000 kilómetros a pie y se convirtió en el (maravilloso) “Caminante de las tres Américas”.
jueves, 11 de febrero de 2021 · 15:54

En Trelew, allá al sur del sur donde todos nos llamamos viento, hay un jubilado -que supo reparar molinos en sus tiempos mozos- con sed de aventuras, de gestas inconmesurables y de estirpe patagónica en estado puro.

En Trelew, allá al sur del sur, Martín Etchegaray Davies se propuso caminar los caminos que unen a la hermosísima Bahía Lapataia (Tierra del Fuego) con la inhóspita Deadhorse (Alaska) y casi, casi lo consigue.

Ay de la Patagonia y sus quijotes trepados en molinos de viento. El 31 de octubre de 2017 nuestro jubilado de 60 años comenzó su andar y sólo lo detuvo, tres años más tarde, una pandemia ingrata en Fargo (Dakota del Norte), en días en que el mundo se detuvo y nos dijo quedate en casa.

Hace pocos días, Martín regresó a nuestro país con sus 63 jóvenes años. Aquí lo esperaban su mujer, sus hijas, nietos y una bisnieta nueva. Volvió después de caminar dos años y dos meses y de pasar ocho meses detenido en Fargo por el coronavirus.

 

 

Se hace camino al andar

Martín no sólo caminó desde Tierra del Fuego hasta Fargo, lo cual ya sería algo enorme. Antes de salir del país, pasó por todas las capitales de las provincias argentinas, siempre con su carro de casi 200 kilos.

¿Qué llevaba? Ollas y sartenes, ocho litros de agua, latas de comida, pinzas, llaves para cambiar ruedas, lo que necesitaba para avanzar varios días en la estepa donde no hay kioscos ni gomerías.

Y así, a medida que nuestro héroe se convertía en el “Caminantes de las 3 Américas” -y gastaba 5 pares de zapatillas-, pasó el tiempo. Pasó una lluvia de meteoritos en el desierto peruano y varias fronteras, todas las de América Latina y una en América del Norte. Pasaron 23.000 kilómetros, 14 países y un continente de anécdotas.

 

 

La gesta de las 1.718 selfies

Durante sus años de caminata fue cada vez más grande en las redes sociales. Allí nos contó que en Bolivia se apunó y tuvo que hacer un tramo en auto. Compartió que en Bogotá fue a la oficina de los récords Guinness y se habían mudado de país. Mandó 600 archivos con pruebas de su caminata y nunca le respondieron los correos.

También nos contó que perdió dos celulares y que una vez tuvo que parar unos días porque le dolían los pies. Nos dijo que en Río Bravo (estado de Tamaulipas), pasó un mes y diez días en la casa de Cecilia Flores y su marido Antonio esperando la visa para cruzar a Estados Unidos. Nos compartió que un periodista contó las selfies que se sacó con los que lo cruzaban: 1.718 y que al cruzar la frontera no tuvo problemas con el inglés porque había muchos latinos. Martín subió a sus redes que en Nebraska lo llevaron a conocer el museo de la inmigración galesa y se emocionó al ver que usan molinos de agua, como acá.

 

 

“Hay que caminar, camino”

Llegó el 8 de enero de 2020 y Martín entró en Fargo. Ahí se detuvo su andar. No fue por nieve, ni el frío de -20 grados; no fue por la pronóstico de nebrisca, ni el riesgo de hipotermia. Fue el virus que a todos nos detuvo.

“Yo soy un trabajador nomás, no tengo hábitos de personas de ciudad. No soy como los que hacen trekking y después tienen que elongar. Yo no tengo drama, no soy de esos. Hay que caminar, camino; hay que esperar, espero”, contaba más tarde recordando esos días.
 

 

Esperó y esperó hasta que ocho meses fueron demasiada espera. El coronavirus lo detuvo y regresó a Trelew.
Pasan los días y ya tranquilo en el sur del sur, Martín sigue soñando con gestas inconmesurables. “¿Otra caminata? La Muralla China, India. Para achicarse hay tiempo”.

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