El 17 de enero de 2017 no fue un día cualquiera. Era verano, el país estaba en movimiento, pero algo se detuvo de golpe. La noticia empezó a correr temprano, casi en voz baja, como si nadie quisiera decirla del todo: había muerto Horacio Guarany. Y con él, se apagaba una de las voces más profundas, más ásperas y más verdaderas que tuvo la Argentina.