La Copa Libertadores no da respiro y Boca lo sabe. Esta noche, en Guayaquil, el Xeneize afronta una parada brava y determinante frente a Barcelona SC, en un duelo que puede empezar a marcar su destino en el Grupo D. Después de la caída en Brasil ante Cruzeiro, el margen se achicó y la obligación es clara: sumar de a tres para no depender de nadie.
El equipo de Claudio Úbeda llega golpeado, pero con argumentos para dar pelea. Aquella derrota por la mínima en tierras brasileñas dejó secuelas, no solo en el resultado sino también en el desarrollo, con la expulsión de Adam Bareiro que condicionó el partido. Ahora, en Ecuador, Boca buscará revancha ante un rival que, si bien aparece como el más débil del grupo en los números, se hace fuerte en su casa y promete una noche intensa.
El contexto del grupo le abre una puerta al conjunto de la Ribera. Con tres equipos igualados en puntos, cada detalle cuenta y cada fecha puede cambiar el panorama. En ese escenario, un triunfo en Guayaquil no solo lo acomodaría en la tabla, sino que además le permitiría aprovechar el cruce entre Cruzeiro y Universidad Católica, que inevitablemente dejará puntos en el camino.
Más allá de lo colectivo, hay un factor que suma tensión: Leandro Paredes y Lautaro Blanco están al límite de amarillas. El capitán, eje futbolístico y emocional del equipo, y el lateral izquierdo deberán jugar con la cabeza fría, ya que una nueva amonestación los dejaría afuera de un duelo clave ante Cruzeiro en La Bombonera. Un riesgo que obliga a medir cada intervención en un partido que promete pierna fuerte y clima caliente.
En cuanto a las cuentas, Boca tiene claro el objetivo. Con siete de los nueve puntos en juego, se asegura el pase a octavos sin depender de otros resultados. Incluso con seis unidades, quedaría muy bien perfilado, aunque ya empezaría a mirar de reojo a sus rivales. Por eso, la visita a Guayaquil aparece como una oportunidad inmejorable para empezar a encaminar la clasificación.
El dato que alimenta la ilusión está en casa. Tras este compromiso, el Xeneize cerrará la fase de grupos con dos partidos consecutivos en La Bombonera, un escenario donde se hace fuerte y mantiene una racha positiva en el plano continental desde hace varios años.
Con ese combo de presión, contexto y oportunidad, Boca salta a la cancha sabiendo que no hay margen para especular. En una Copa que no perdona distracciones, el equipo de Úbeda buscará dar un golpe en Ecuador y empezar a escribir su clasificación con tinta fuerte. Porque en la Libertadores, cada noche puede ser bisagra, y esta tiene todos los condimentos para serlo.