El cierre de marzo encuentra a Boca en medio de un auténtico rompecabezas logístico y económico. El club de la Ribera enfrenta dos conflictos que podrían marcar el inicio de su temporada: la asignación de entradas para el debut copero en Chile y la pulseada con Talleres por el pase de Cristian Pavón.
El primer frente se vive en el Estadio San Carlos de Apoquindo, donde el 7 de abril Boca jugará ante Universidad Católica. La Conmebol establece un mínimo de 2.000 entradas para hinchas visitantes, pero los trasandinos ofrecieron apenas 450, alegando cuestiones de seguridad. La dirigencia “Xeneize” rechazó la propuesta y reclama el cupo reglamentario, avisando que de no respetarse podrían suspender la presencia de público visitante en los dos partidos.
En paralelo, Boca mantiene un choque con Talleres por la devolución de los 2,5 millones de dólares adelantados por Cristian Pavón antes de 2019. La disputa se centra en la forma de pago de los intereses: el club cordobés propone abonarlos en pesos, mientras que Boca exige hacerlo en dólares, lo que mantiene una brecha económica considerable.
La agenda se complica aún más por el Torneo Apertura. El clásico en el Mario Alberto Kempes con 11.000 hinchas “Xeneizes” confirmado, pero sin fecha cerrada: Boca presiona por jugar el 2 de abril para optimizar su preparación pensando en la Libertadores, mientras que Talleres defiende el 4 de abril para cuidar su localía y recuperación.
Así, la dirigencia de Boca navega entre dos frentes calientes: uno internacional, por la logística y los derechos de sus hinchas; y otro económico y de calendario, que podría influir directamente en la planificación deportiva de la institución. La resolución de ambos conflictos marcará el rumbo del club en las próximas semanas.