Boca quiere volver a escribir una página dorada en su historia internacional y, para la final de la Copa Sudamericana ante Atlético Mineiro, podría recurrir a una imagen cargada de recuerdos y mística. La combinación de camiseta titular y pantalón amarillo aparece como la indumentaria elegida para la definición en Barranquilla, un detalle que rápidamente despertó la ilusión de los hinchas por su conexión con la última conquista de la Copa Libertadores.
La señal llegó desde la propia CONMEBOL. En una publicación oficial, el organismo mostró a Leandro Paredes vestido con la equipación que utilizaría el conjunto de La Ribera el 21 de noviembre en el estadio Metropolitano. La imagen no tardó en viralizarse y el detalle del pantalón amarillo se convirtió en el centro de todas las miradas.
No se trata de una combinación más. Para los hinchas xeneizes, esos colores remiten directamente a la histórica campaña de 2007, cuando Boca conquistó su sexta Copa Libertadores y tuvo a Juan Román Riquelme como principal protagonista. En aquella final frente a Gremio de Porto Alegre, el equipo argentino se impuso con un contundente 5-0 en el resultado global y el actual presidente fue determinante, con dos goles en el encuentro de vuelta disputado en Brasil.
Un recuerdo que vuelve a escena
Casi dos décadas después de aquella consagración, el pantalón amarillo vuelve a aparecer como un guiño a una de las etapas más gloriosas del club. La diferencia estaría en las medias: en 2007 eran azules con una franja amarilla, mientras que la combinación que se proyecta para Barranquilla también incluiría medias amarillas.
La elección tiene un componente simbólico que va más allá de la estética. Boca vuelve a una final continental con la posibilidad de recuperar una imagen asociada a su última vuelta olímpica en la Copa Libertadores. Una coincidencia que alimenta la ilusión de los hinchas y que transforma la indumentaria en parte de la previa de una definición decisiva.
Ahora, el desafío estará en la cancha. Frente a Atlético Mineiro, el Xeneize buscará que ese recuerdo se convierta en presente y que los colores de aquella conquista vuelvan a quedar asociados a una nueva noche de gloria internacional.
La camiseta será la de siempre, pero el pantalón amarillo tendrá una carga especial: la memoria de 2007 y la ilusión de volver a levantar un trofeo continental.