Brasil ya está en marcha hacia un nuevo sueño mundialista. Con Carlo Ancelotti al mando y Neymar como principal emblema dentro de una generación que busca devolver a la Canarinha a la cima del fútbol, la delegación emprendió viaje hacia Estados Unidos con la ilusión de conquistar la sexta estrella de su historia.
Sin embargo, antes de despegar, la selección pentacampeona del mundo fue protagonista de una escena que rápidamente captó la atención de miles de fanáticos alrededor del planeta.
Cuando el avión que transportaba al plantel y al cuerpo técnico comenzó a desplazarse por la pista, dos autobombas se ubicaron a ambos lados y formaron un gigantesco arco de agua sobre la aeronave. El tradicional "bautismo" aeroportuario, utilizado para homenajear vuelos especiales o desear buena fortuna, envolvió a la delegación brasileña en una imagen impactante que no tardó en viralizarse.
Las imágenes recorrieron las redes sociales en cuestión de minutos. Muchos lo interpretaron como una señal de buenos augurios para un seleccionado que carga con la presión de volver a conquistar el mundo después de más de dos décadas de espera.
El ritual no fue casual. En la aviación, este tipo de ceremonias suelen reservarse para acontecimientos especiales y representan respeto, reconocimiento y deseos de éxito para quienes emprenden una misión importante. En este caso, la misión es clara: devolver a Brasil al trono del fútbol mundial.
La llegada a suelo estadounidense también tuvo un recibimiento especial. En Newark, Nueva Jersey, la delegación fue recibida con homenajes similares, en un clima de entusiasmo que acompaña a una de las selecciones que siempre aparece entre las candidatas al título.
El equipo de Ancelotti desembarca en la Copa del Mundo con expectativas renovadas. En su último amistoso goleó 6-2 a Panamá y dejó buenas sensaciones desde lo futbolístico. Más allá de algunas precauciones físicas con Neymar, el entrenador italiano comienza a delinear el equipo con el que intentará devolverle la gloria a una camiseta acostumbrada a hacer historia.
Mientras el Mundial empieza a tomar temperatura, Brasil ya protagonizó una de las primeras imágenes icónicas del torneo. Entre chorros de agua, aplausos y una enorme ilusión, la Canarinha inició el viaje más importante de los próximos años.