Brasil vuelve a ilusionarse con la Copa del Mundo y buena parte de sus esperanzas tienen nombre y apellido: Carlo Ancelotti. El prestigioso entrenador italiano desembarcó en la Verdeamarela con una misión tan ambiciosa como histórica: conquistar el ansiado Hexacampeonato y romper una marca que ningún técnico logró derribar desde el nacimiento de los Mundiales.
La estadística a vencer
La estadística es tan llamativa como contundente. Desde Uruguay 1930 hasta Qatar 2022, todas las selecciones campeonas del mundo fueron dirigidas por entrenadores de la misma nacionalidad que el equipo al que condujeron a la gloria. Nadie pudo romper esa tradición en más de nueve décadas de historia.
Por eso, si Brasil logra levantar la Copa en Estados Unidos, México y Canadá 2026, Ancelotti no solo quedará inmortalizado por devolverle la corona al gigante sudamericano después de 24 años, sino también por convertirse en el primer entrenador extranjero en conquistar un Mundial al frente de una selección nacional.
La historia juega en contra. Los únicos técnicos nacidos fuera del país que dirigían que lograron acercarse a semejante hazaña fueron el británico George Raynor, quien llevó a Suecia a la final de 1958, y el austríaco Ernst Happel, que condujo a Países Bajos hasta la definición de Argentina 1978. Ambos estuvieron a un paso de la gloria, pero terminaron viendo la vuelta olímpica de sus rivales.
Sin embargo, si alguien parece preparado para desafiar la historia es Ancelotti. Ganador de las cinco grandes ligas europeas y dueño de un palmarés repleto de títulos internacionales, el italiano aterrizó en Brasil para intentar resolver una deuda que persigue a la Canarinha desde Corea-Japón 2002.
La presión es enorme. Brasil busca recuperar el protagonismo perdido en las últimas Copas del Mundo y volver a reinar en el planeta fútbol. Ancelotti, mientras tanto, intentará escribir una página inédita: demostrar que, por primera vez, un extranjero también puede llevar a una selección a la cima del mundo.