El gol no tuvo festejo, tuvo desahogo. Cody Gakpo convirtió para Países Bajos ante Marruecos en los 16avos de final del Mundial 2026 y se quebró en una escena íntima, marcada por la pérdida familiar que atravesaba desde hacía apenas unos días.
La pelota entró pasados los 70 minutos y rompió un partido cerrado, pero la mirada del delantero se fue de inmediato hacia otro lugar. Lejos de celebrar con euforia, el futbolista miró al cielo, se desplomó sobre el césped y dejó salir un llanto que conmovió a todos.
Detrás de esa reacción estaba el dolor más profundo. Cody Gakpo y su esposa, Noa van der Bij, habían anunciado la muerte del bebé que esperaban, a quien ya habían decidido llamar Elijah Raphael. La noticia golpeó al plantel neerlandés y también generó una ola de mensajes de apoyo desde el mundo del fútbol.
En sus redes sociales, la pareja había compartido un mensaje devastador para despedir a su hijo: “Con el corazón destrozado, compartimos la devastadora noticia de que nuestro bebé falleció durante el embarazo. Te querremos siempre. Siempre serás nuestro hijo”. Esa frase quedó como el trasfondo inevitable de lo que ocurrió después en la cancha.
Pese al golpe anímico, el jugador decidió permanecer concentrado junto a la Selección de Países Bajos para disputar el cruce de eliminación directa. Esa decisión hizo que su gol ante Marruecos tuviera una carga emocional todavía mayor, porque llegó en medio de una herida familiar reciente y profundamente dolorosa.
La reacción de sus compañeros terminó de construir una de las imágenes más fuertes del Mundial. Al verlo quebrado, los futbolistas que estaban dentro del campo corrieron a abrazarlo, mientras también se sumaban suplentes e integrantes del cuerpo técnico encabezado por Ronald Koeman para rodearlo y sostenerlo.
Ese momento dejó al fútbol en segundo plano durante algunos segundos. Cody Gakpo había marcado un gol clave para su selección, pero la escena quedó atravesada por otra cosa: una dedicatoria silenciosa, una mirada al cielo y un llanto colectivo que convirtió el festejo en una despedida profundamente humana.