En las últimas horas del sábado falleció Carlos María Giménez, uno de los máximos exponentes del boxeo del siglo veinte y una figura histórica del pugilismo argentino, que supo construir una extraordinaria carrera sobre el ring sin perder jamás la humildad que lo caracterizó fuera de él.
Nacido en Bahía Blanca en 1948, Giménez protagonizó más de 130 peleas profesionales, con alrededor de 115 victorias, 59 de ellas por nocaut. Sus números reflejan apenas una parte de la historia de un deportista que llegó a codearse con los mejores del mundo.
En 1972 alcanzó uno de los momentos más importantes de su carrera al consagrarse campeón argentino en el mítico Luna Park. Su talento y sus actuaciones le permitieron disputar en dos oportunidades el título mundial frente al colombiano Antonio Cervantes, más conocido como Kid Pambelé, una verdadera leyenda del boxeo internacional.
El primer enfrentamiento se produjo en 1973, cuando cayó ante un rival que se mostró claramente superior. Sin embargo, tendría una segunda oportunidad en 1977, en una pelea que quedó marcada por la polémica: un fallo arbitral determinó su derrota a raíz de un leve corte en una ceja, en una decisión que fue considerada injusta.
Pero la historia de Giménez comenzó mucho antes de las luces de los grandes escenarios. De origen humilde, fue lustrador de zapatos y canillita, y llegó incluso a dormir en la calle durante su infancia. Desde muy chico encontró en el boxeo una oportunidad para cambiar su destino, dando sus primeros pasos sobre el ring del Salón de los Deportes.
A fuerza de sacrificio, talento y perseverancia, aquel pibe que tuvo que ganarse la vida desde muy temprano terminó convirtiéndose en uno de los grandes nombres del deporte argentino.
Quienes lo conocieron coinciden en destacar que sus mayores virtudes no se limitaban a lo deportivo. Sencillo, amable y, por sobre todas las cosas, terrenal, Giménez mantuvo siempre un perfil humilde, incluso después de haber alcanzado el reconocimiento nacional e internacional.
Su historia fue también la de un hombre que nunca olvidó sus raíces y que entendió que la grandeza deportiva podía convivir con la sencillez y el respeto.
Con su fallecimiento, Bahía Blanca despide a uno de los mejores boxeadores de su historia, un deportista que trascendió por sus conquistas, pero también por sus valores humanos. Carlos María Giménez deja un legado que permanecerá vivo en la memoria del deporte bahiense y en las páginas más destacadas del boxeo argentino.
"El golpe final", el documental sobre la vida de Carlos María Gimenez realizado por Raúl Papalardo