Después de mostrar señales alentadoras en la primera práctica libre y meterse entre los diez mejores tiempos, Franco Colapinto se encontró con una realidad mucho más compleja en la segunda sesión del Gran Premio de Barcelona. El piloto argentino terminó 15°, lejos de los puestos de vanguardia, y dejó una de las declaraciones más duras desde que desembarcó en la Fórmula 1.
La preocupación no pasó solamente por el resultado. Lo que encendió las luces de alerta fue el análisis del propio Colapinto, que no buscó excusas y describió un panorama inquietante para Alpine. "Fue todo el viernes muy malo. No teníamos nada de grip. Fue el peor viernes de la temporada en cuanto a balance y velocidad", disparó el argentino apenas se bajó del monoplaza.
Y fue todavía más allá: "Estamos muy lejos y muy lentos. En carrera estamos, especialmente, a años luz". Un diagnóstico tan sincero como preocupante para una escudería que sigue sin encontrar regularidad.
El contraste con la primera tanda fue evidente. Mientras por la mañana había logrado ilusionar con un rendimiento competitivo, por la tarde el Alpine volvió a mostrar sus limitaciones. Ni siquiera Pierre Gasly pudo escapar de los problemas y terminó apenas un puesto por detrás de Colapinto. "Está inmanejable el auto. Íbamos cuatro o cinco segundos más lentos que los autos de punta", remarcó el bonaerense, dejando en claro la magnitud de las dificultades que enfrentó durante la sesión.
Ahora comienza el trabajo más importante para el equipo francés. Durante la noche, ingenieros y pilotos intentarán encontrar respuestas para revertir un escenario que preocupa. "Hay que hacer cambios agresivos y arriesgados porque estamos muy mal", advirtió Colapinto, quien no pierde la esperanza de dar un salto de calidad antes de la clasificación. El sábado traerá una nueva oportunidad, pero también una exigencia máxima: transformar la frustración de un viernes para el olvido en una reacción que le permita volver a pelear donde todos esperan verlo.