Fernando Muslera necesitó tres penales, una actuación decisiva y un baile para escribir una de las páginas más emocionantes de su carrera. A los 40 años, el arquero uruguayo se convirtió en el héroe de Estudiantes de La Plata, eliminó a Flamengo en el mítico Maracaná y depositó al Pincha en una nueva final de la Copa Libertadores. Después de la hazaña, celebró como el Dibu Martínez y dejó una frase que resume su historia: “El fútbol siempre te da otra oportunidad”.
La clasificación tuvo un protagonista excluyente. Después de dos encuentros sin goles, la serie ante el poderoso conjunto brasileño se definió desde los doce pasos. Allí apareció toda la experiencia de Muslera, que contuvo tres remates y desató la locura de los hinchas albirrojos.
El guardameta uruguayo detuvo los disparos de Jorginho, Lucas Paquetá y Bruno Henrique. Aunque Giorgian De Arrascaeta y Léo Pereira convirtieron para Flamengo, las intervenciones del arquero terminaron inclinando la definición a favor de Estudiantes, que se impuso por 3-2 en la tanda y consiguió el boleto a la final.
Cuando detuvo el último remate, Muslera primero pareció tomar dimensión de lo que acababa de conseguir. Después llegó el desahogo: bailó frente a la escena de la eliminación brasileña, en un festejo que recordó al ritual de Emiliano Martínez, el Dibu, cada vez que se transforma en protagonista de una definición por penales. La celebración se contagió entre sus compañeros y los hinchas del Pincha, que encontraron en el arquero a su gran salvador.
La clasificación tuvo, además, un significado especial para el experimentado guardameta. Después de una experiencia mundialista que no resultó como esperaba con la selección uruguaya, Muslera encontró en la Copa Libertadores una oportunidad para volver a disfrutar de una noche consagratoria.
“El fútbol siempre da otra oportunidad”, insistió el arquero, que también destacó el sacrificio del plantel y el esfuerzo colectivo para alcanzar una meta que parecía lejana. “Cuando uno tiene el foco puesto y sabe que puede ganar, le pone mucha garra”, expresó, con la satisfacción de haber contribuido a un logro que el club y sus hinchas perseguían desde el comienzo de la campaña.
El uruguayo también manifestó su orgullo y felicidad por la clasificación y tuvo palabras de agradecimiento para sus compañeros, los trabajadores de la institución y los hinchas que acompañaron al equipo, tanto en Brasil como desde La Plata.
“Jugué solamente tres Libertadores, dos con Estudiantes. Me pone feliz, orgulloso”, señaló, al dimensionar lo que significa volver a disputar una definición continental con el conjunto albirrojo.
Ahora, el desafío será todavía mayor. Estudiantes buscará conquistar su quinta Copa Libertadores y volver a levantar el trofeo que ganó por última vez en 2009. Enfrente estará Palmeiras, en una final programada para el 28 de noviembre en el estadio Centenario de Montevideo.
Para Muslera, el escenario tendrá un valor sentimental imposible de disimular. Regresará a su país, al mítico estadio donde defendió en numerosas ocasiones la camiseta celeste de Uruguay, aunque esta vez lo hará con los colores de Estudiantes y con la posibilidad de alcanzar la gloria continental.
La historia todavía tiene un capítulo por escribir. El arquero que encontró su revancha en Brasil tendrá la oportunidad de jugar la final más importante de América en su propia tierra. Y si algo dejó claro en el Maracaná es que la edad no le quitó reflejos, experiencia ni hambre de gloria.
Muslera ya hizo su parte: atajó tres penales, bailó como el Dibu y metió al Pincha en la final. Ahora quiere que la fiesta termine en Montevideo, con otra Copa Libertadores entre sus manos.