A poco de que el Mundial empiece a asomar en el horizonte, Francia recibió una noticia que sacude toda su estructura: Hugo Ekitike sufrió una grave lesión y quedó automáticamente descartado de la próxima Copa del Mundo.
La escena fue tan rápida como cruel. En Anfield, en plena revancha de los cuartos de final de la Champions League ante el PSG, el delantero del Liverpool cayó al suelo a los 28 minutos, se tomó el tobillo derecho y ya no pudo seguir. El silencio en el estadio lo dijo todo. Minutos después, la imagen que ningún hincha quiere ver: camilla, gesto de dolor y lágrimas.
Dos días más tarde llegó la confirmación oficial del club inglés: rotura del tendón de Aquiles. Una de las lesiones más temidas por cualquier futbolista. El tiempo estimado de recuperación, entre nueve y doce meses, no deja lugar a dudas: Ekitike no solo se pierde lo que resta de la temporada, sino también el Mundial 2026.
El impacto fue inmediato y cruzó el Canal de la Mancha. En Francia, la noticia cayó como un baldazo de agua fría. Didier Deschamps, entrenador de la selección, no tardó en expresarse y dejó en claro el golpe que significa perder a uno de sus atacantes: confió en su recuperación, pero lamentó profundamente no poder contar con él en la gran cita.
Más allá de los nombres, la baja reconfigura el mapa ofensivo de un equipo que llegaba con variantes, potencia y recambio. Ekitike era una pieza que ofrecía desequilibrio, frescura y gol, atributos que ahora Francia deberá reconstruir contra reloj.
En clave mundialista, la lesión abre interrogantes y alimenta el debate. ¿Quién ocupará su lugar? ¿Cómo impactará en la estructura del equipo? Preguntas que empiezan a girar cada vez con más fuerza en una previa que ya suma su primera gran baja.
Porque si algo tiene el fútbol, es esa capacidad de cambiarlo todo en una jugada. Y esta vez, el golpe fue directo al corazón de una selección que soñaba con llegar completa. Francia pierde una pieza importante. El Mundial, de a poco, empieza a jugarse también afuera de la cancha.