No es un secreto para nadie, está más que claro que su gestión, permitió que uno de los acontecimientos deportivos más grande de la historia del deporte provincial se lleve a cabo en Neuquén. El ingeniero Horacio Daniel Marín presidente y CEO de YPF, de la histórica empresa estatal y bandera de energía de la Argentina, fue el ideólogo en principio y posteriormente se transformó en el impulsor de que la serie de Copa Davis entre Argentina y Turquía se lleve a cabo en estadio Ruca Che de Neuquén capital.
En declaraciones el programa Grito Sagrado que se emite en el Grupo Prima Multimedios, en AM 550 La Primera, Radio del Valle (RDV) Clásicos & Noticias 96.1 y Canal 24/7 de Noticias, canal 6 en la versión digital de Cablevisión, Federico Bolan, vicepresidente de ECyDENSE, admitió "sin Horacio Marín, no habría Copa Davis en Neuquén. Gestionó, sumó, se sentó con el gobernador Rolando Figueroa, aunaron criteros y el cruce finalmente se llevará a cabo en el barrio San Lorenzo".
Los cercanos a Marín, aseguran que cuando se sentó con el presidente Javier Milei hace tres años, "tardó menos de diez minutos para convencerlo que no había que vender YPF, y que Vaca Muerta sería el sustento económico y energético para que el país se inserte en el mundo".
Cuando Marín asumió como presidente y CEO de YPF, se dirigió a los empleados de la empresa desde la refinería de La Plata, la ciudad en la que nació en mayo de 1963. Allí, marcó una conexión emocional entre lo que significa jugar en el césped británico de Wimbledon, el certamen de tenis más prestigioso del mundo, y asumir semejante rol ejecutivo en la emblemática firma nacional.
“Quise siempre jugar Wimbledon, y cuando lo logré, tuve una adrenalina que no la pude explicar. Cuando empecé en la industria energética, siempre soñé con trabajar en YPF. Era mi Wimbledon. Hoy yo siento algo que nunca sentí”, comunicó Marín a los empleados. Muchos, desorientados, se preguntaron por qué había realizado esa analogía. Pocos sabían que antes de ingresar en 1988 en Tecpetrol, el brazo petrolero de Techint que lo ocupó durante 35 años, Marín se había destacado con una raqueta de tenis como juvenil y había llegado, incluso, a competir en forma profesional.
“Tenía un gran revés, superior al de Gaudio”, coincidieron y cotejando el artístico golpe del campeón de Roland Garros 2004, aquellos que conocieron a Marín de pantalón corto. Se vinculó con el tenis desde los 11 años, en el club Universitario de La Plata. Se perfeccionó casi obsesivamente: a sus clases convencionales con profesor, le añadía entre cuatro y cinco horas diarias de frontón. Arrancó ganando torneos regionales y, luego, nacionales. Encabezó los rankings de menores en el país. Empezó a entrenarse en la Ciudad de Buenos Aires, en el club Comercio, donde su entrenador fue Edgardo "Topo" Schapira, el hermano de Daniel Schapira, el único tenista profesional desaparecido en la última dictadura.
Luego se sumó al Buenos Aires Lawn Tennis Club, para el que llegó a jugar interclubes. Representó a la Argentina en Sudamericanos, compartió el camino, por ejemplo, con Roberto Argüello (más tarde jugador de Copa Davis), y, en 1981, en su última temporada como junior, se dio el gusto de actuar en Roland Garros, Wimbledon y el US Open, tres de los cuatro grandes torneos de Gran Slam.
Marín, fue el elegido por el gobierno de Javier Milei para ponerse al frente de YPF, es ingeniero químico recibido de la Universidad Nacional de La Plata, tiene una maestría en Ingeniería en Petróleo de la Universidad de Texas y realizó un programa ejecutivo en la Universidad de Stanford. En la industria es conocido por haber liderado, el proyecto gasífero del yacimiento Fortín de Piedra. Para muchos, es también impulsor de Vaca Muerta, con Tecpetrol y la mayoría de las empresas siguieron su iniciativa.
Ese mismo hombre de currículum virtuoso con gran responsabilidad en la empresa nacional más simbólica, encarna otra historia poco conocida que entrecruza el deporte y la política (o la función pública). El tenis y el petróleo son las pasiones que movilizan a Marín, que le generan brillo en los ojos. Por ello no resulta ilógico que sus entrevistas, la brinde desde una dirección distinta a la imaginada, desde sus diapositivas juveniles y lo que el deporte le transmitió, desde la filosofía mental del tenis, la disciplina y los métodos para tratar de superar desafíos. Todo se une.
“Quiero explicar bien lo que dije de Wimbledon. De chiquito empecé contra el frontón y me propuse jugar ese torneo. Cuando lo jugué, finalmente, me temblaron las gambas, me temblaron. La adrenalina que viví. Por eso cuando iba a Londres me gustaba volver a Wimbledon, la llevaba a mi mujer, Diana, le rompía la paciencia diciéndole: ‘¿Ves? Acá jugué contra…’. Compraba llaveros y todas esas cosas. La adrenalina que genera el deporte es única, te lo puede decir mucha gente. Después empecé a trabajar en Tecpetrol y no me puedo quejar de nada: me mandaron a estudiar más, hice un master en los Estados Unidos, antes de que me pusieran de presidente de Exploración y Producción me enviaron a Stanford a estudiar Negocios. Siempre trabajé a destajo, lo hacía desde las 8 de la mañana hasta las diez de la noche, hicimos el desarrollo de Vaca Muerta más impresionante, llevando una estepa en la que no había nada al 17% de la producción del país, hicimos las obras en menos de un año y medio, que es muy loco. Está bien, todo maravilloso, pero no es lo mismo. No es lo mismo. Es muy difícil de diferenciar. Ahora, a YPF yo la defino como la argentinidad al palo. Voy a las estaciones de servicio, siempre cargué en YPF en las que están para el Sur, porque soy de La Plata y voy los fines de semana a visitar a mi hija y a mis nietos. Me gusta bajarme del auto, hablar con los playeros, con la gente. Ahora me reconocen y es impresionante. Ellos me saludan, piden que le pongas garra, que la Argentina tiene que salir. La gente ve a YPF como la Argentina. Supe que, en las encuestas, YPF es la empresa más querida en el país. También, al ser la más grande, empuja a la industria. Todos los logros de YPF son para el país”, aseguró en forma categórica Marín.
Y sigue profundizando el concepto: “A Wimbledon fui relajado, porque era mi sueño de pibe. En la primera ronda le gané a un japonés que era malo (Toshiyuki Tsuji; 6-3 y 6-1), pero después el australiano Wally Masur me liquidó (6-1 y 6-1) y me rompió tres raquetas, sacaba cercano a los 200 kilómetros por hora, yo bloqueaba y por el impacto se partían. Pero ahí toqué el cielo con las manos". Luego agregó que "no puedo decir que trabajaba en Tecpetrol y añoraba YPF, pero sí que sentía que me había preparado para sumarme. No fue la primera vez que aparecí entre los candidatos, pero es diferente. Asumí con 60 años (actualmente tiene 63) en el final de la carrera. Vine a YPF por el bronce y para hacer las cosas bien. No por otra cosa. Cuando me lo dijeron, no pregunté nada. Vine porque sé que estoy capacitado para empujar y hacer algo muy bueno. Lo lograré si me ayudan todos, que es lo que estamos haciendo. Y eso comparable con el tenis; muy comparable. Yo no tuve la adrenalina de ganar un Grand Slam, por ejemplo, pero sí sentí una adrenalina al llegar a algo que era inaudito para un tipo que entraba en el club Universitario con una raquetita y que no tenía con quién jugar. Eso fue impresionante. Por eso dije que estar en YPF es como mi Wimbledon profesional. Esto es muy impresionante, es una empresa de miles de personas, la más grande de la Argentina y tenés que ponerle el cuerpo”.
Vine a YPF por el bronce y para hacer las cosas bien. No por otra cosa.
Durante su época como tenista, lo apodaron El Abuelo, porque “era demasiado reflexivo y maduro para su joven edad”, apunta Fernando Rodríguez Canel, reconocido profesor de tenis platense y compañero de ruta de Marín, en el club Estudiantes. Aunque el propio Marín rememora otra razón, “El Toto" Cerúndolo (extenista, papá de Francisco, vaya paradoja estará en Neuquén cono raqueta número uno del equipo que capitanea Javier Frana y Juan Manuel, dos de los jugadores nacionales más destacados de la actualidad), me lo puso en un partido en el que me faltaba estado físico, creo que contra (Gabriel) Mena en Banco Nación. Le empecé a jugar pelotas altas, con top, le levanté, le levanté. Estaba destruido y gané. Entonces, dijo: ‘Mirá, juega con un abuelo’, y quedó. Después, algunos dicen que yo era muy serio siendo chico”.
Rodríguez Canel añade: “Como jugador era como Nadal en los comienzos, había que matarlo para ganarle un punto. Tenía piernas fuertes, corazón, era inteligente para visualizar la estrategia rival. Podía estar tres horas jugando sin problemas”. Y Argüello, el primer argentino en ganar un título profesional (Venecia 1983) después de Guillermo Vilas y Jose Luis "Batata" Clerc, recuerda: “Era aguerrido, buen devolvedor. Era mi compañero de dobles; salimos campeones en +16 en Perú. Un tipo amable, de perfil bajo”.
Marín comenzó a jugar al tenis, de cierta manera, por su papá, que “era bastante flojo en el deporte” y practicaba tenis criollo, con paleta de madera. “En el club Universitario habían hecho unas canchas y yo, que ya era chico, lo acompañaba y le pegaba fuerte. Un día pasó un profesor de tenis del club, me vio con la paleta, se acercó a mi viejo y le dijo ‘doy clases de tenis, ¿por qué no lo dejás?’. Tomé una clase y me gustó. En ese momento, Vilas estaba en lo máximo, yo había leído su libro en el que decía que jugaba mucho en el frontón. Entonces empecé a hacerlo; pegaba revés, drive, sacaba, revés, drive. Jugaba solo, porque no había gente. Empecé en enero, en abril salí campeón platense de 14 años y a fin de año perdí una final de un torneo abierto. Tiempo después jugué interclubes para Universitario, llegamos a cuartos de final y nos tocó de local contra Comercio o Deportes Racionales, no recuerdo, pero estaba uno de los hermanos Vande Rusten, que vino a La Plata pensando, seguramente, que nos ganarían caminando. Y le di una paliza infernal. Eso era en menores. Había un dirigente de la Asociación que le dijo a mi vieja "su hijo juega bien, anótelo en los Metropolitanos’. Mi tío, que trabajaba en Buenos Aires, me empezó a anotar y gané varios Metropolitanos. En los Nacionales gané, pero también perdí, por ejemplo, en Salta con (Horacio) Alderete, que me complicaba seguido. De mi edad también me ganaba Alejandro Olmedo Zumarán”.
Marín rindió libre cuarto y quinto año del secundario. Envalentonado con el tenis, se lo propuso al papá para tener más tiempo de entrenamiento. “Me autorizó, pero siempre y cuando lo rindiera. Eso hice y me dediqué a jugar”, recapitula. Llegó a ensayar junto con Vilas: “Guillermo era especial, a veces te saludaba, a veces no. En eso Clerc era más macanudo. Pero obviamente Guillermo era nuestro referente y practiqué una vez en el Buenos Aires, cuando él era número 3 del mundo y vino Gene Mayer (marzo de 1983). Estuve cerca de entrenar también en un US Open, me llamó varias veces (Juan José) Moro, el periodista, que estaba cerca de Guillermo, pero al final no se dio. Yo no me la creía. A mí el ambiente tipo jet set me incomodaba, incluso hasta hoy”.
"Siempre digo que la nuestra fue medio una generación perdida porque no conocías como era el juego en Europa, íbamos, comíamos mal e íbamos a torneos muy grandes como para empezar. Yo iba a Francia, donde gané varios torneos y llegué a estar en el ranking nacional. Jugaba en la zona de Toulouse; no iba a la Costa Azul porque allí iban los más importantes. Ganaba entre mil y dos mil dólares a la semana, te pagaban alojamiento y con eso vivías un mes en Europa. Tenía algunos puntos de ATP a los 19 años, pero como me había puesto como objetivo llegar al puesto 100 y no lo logré, largué y me puse a estudiar. Yo era muy profesional, tenía un preparador físico que me llevaba al Cenard, me medía todos los niveles corporales y, en base a eso, me decía cuánto tenía que correr. Después me entrenaba en La Plata con un campeón argentino de 100 metros en atletismo. Eso durante horas y le ponía muchas ganas. Pero en ese tiempo, en el país no ganabas un mango con el tenis", remarcó el hoy CEO de YPF.
Consultado sobre si el tenis le incorporó una disciplina que luego aplicó en sus funciones en la industria petrolera, admitió que "sí, totalmente. Es un deporte muy mental y debés tener metodología para mejorar. Y no te la inculcan, la tenés que hacer vos. Entonces, hacer todo eso desde los 12 hasta los 19 años, dando libre los últimos dos años del colegio, me dio un enfoque. En La Plata me levantaba temprano, a las 6 estaba corriendo. En pretemporada corría unos veintipico de kilómetros, después hacía ejercicios, agarraba pesas, me ponía buzos en el cuello para bancarme los cien kilos que levantaba de sentadillas. Era Rocky a la máxima expresión", recuerda risueñamente.
Marín fue un fenómeno jugando, pero cuando vio que no iba a ser número 1 del mundo se puso a estudiar y fue 10 de promedio en ingeniería química. Me entrenó en Estudiantes de La Plata, él daba clases ahí mientras estudiaba; así se pagaba los estudios. Tenía mejor revés que el de Gaudio”, aseveró Ignacio Andrada, extenista platense que actuó en Francia
En junio pasado Marín adelantó que la Copa Davis se iba a jugar en Neuquén y que los jugadores de Argentina van a tener los mamelucos de YPF que la serie se va a llamar Copa Davia Vaca Muerta.
En relación a la Copa Davis consultado, si de chico iba a ver los partidos de Argentina, remarcó que "no, no. Cuando se ganó, en 2016, fui a la final en Croacia. De hecho, en el avión de vuelta volví con los jugadores. Voy a ser muy franco: si bien no soy de ir hacia atrás ni de llorar o lamentarme que dejé, porque lo hice convencido, cuando tenía veintipico de años sí me costaba ir a los partidos porque muchos de los que jugaban lo habían hecho conmigo y a varios les ganaba. Yo jugaba al tenis y quería ser el mejor, pero largué porque me di cuenta de que no podía llegar a la cima. Me puse una meta muy alta y, si no la alcanzaba, tenía que decidir rápido mi futuro, porque, sin herir susceptibilidades, no me veía dando clases de tenis hasta los 60 años. Además, no vi al tenis como una salida, como que me podía llevar a ponerme empresas vinculadas o algo así. En el colegio fui abanderado, me iba bien. Entonces, dije "mientras estudio, voy a dar clases de tenis. Yo le enseñé a jugar, por ejemplo, a Valeria Strappa (extenista profesional). Di clases de tenis y entrenamiento, trabajaba sábados y domingos completos y quince horas en la semana. Me fui especializando en chicos que jugaban bien. Y después largué. Lo hice para juntar dinero y pagarme los estudios. Cuando me casé, a los 24 años, ya me había podido comprar mi propio departamento. Era muy independiente".
Sobre su conexión actual con el tenis explicó que "lo sigo. Tengo la aplicación de la ATP y la miro todo el tiempo; sigo el ranking en vivo. Estoy afiladísimo. (Carlos) Alcaraz me gusta mucho. Tendría que haber jugado una apuesta, porque en la oficina en Tecpetrol dije que iba a ser número 1 cuando recién había aparecido en el circuito y se reían. Juega muy bien. Creo que ahora le agarraron un poco la mano. Desde el principio seguí a Roger (Federer), pero cuando incursionó Djokovic me llamó más la atención. Cuando yo iba al ATP Finals (el torneo de Maestros), en Londres, me compraba las entradas con un año de anticipación y me iba atrás, a la cabecera, para ver los efectos, la expresión corporal".
Su hermano, Guillermo Marín, fue el empresario que trajo por primera vez a Federer a jugar al país, en 2012, cuando lo hizo en Tigre, al respecto comentó que "cuando Guillermo lo trajo estuve hablando bastante con Roger, en una cena. Me pareció remacanudo, hablamos de cosas en general y de cómo lo había convencido mi hermano. Me dijo que vio un tipo distinto, que lo vio y dijo "voy’. Después, por supuesto, habrá arreglado la parte monetaria, no tengo ni idea. Luego le dije a Guillermo escuchame, ya que lo trajiste, dejame pelotea"’.
Y comentó que "Yo hacía como diez años que no jugaba. Y pude pelotear y, desde ahí, no jugué nunca más. La última vez que le pegué a una pelota, ¡track! (hace el movimiento del revés), fue con Roger. Tampoco tengo mucho tiempo y me tuve que operar la cadera y no me la quiero lastimar. Correr tanto tiempo sobre cemento con zapatillas que ahora ni te las pondrías, me afectó. Hay dos explicaciones de por qué no jugué más. La primera es que al correrme y al estar en otro tipo de ambiente, no tengo amigos jugadores de tenis. Entonces, cuando iba a jugar, me aburría o era complejo. Cuando vas a jugar con un tipo que es competitivo, si le jugás despacio es como que lo estás gozando; si le ganás fácil, se enoja también. Entonces dije: ‘Basta’. Mi señora quería jugar, la acompañé, pero me aburría. Y después la otra explicación, más competitiva, es que a los seres humanos nos gusta ser cada vez mejores y no peores. E ir a un lugar a jugar, errar pelotas que antes no erraba, es ver la decadencia del cuerpo. Entonces es preferible no jugar. Es como hacer régimen y estar cada vez más gordo, jaja. Tengo las dos explicaciones: tomá la que te guste más".
La Copa Davis en Neuquén
En las últimas horas, Horación Marín dio detalles inéditos y habrá que ver si se pueden concretar. “El piso de la cancha va a decir Vaca Muerta”, aseguró en declaraciones a Radio Mitre.
El presidente de YPF mencionó que su relación con Mariano Zabaleta, ex tenista y actual vicepresidente de la Asociación Argentina de Tenis (AAT), influyó en la llegada del certamen a Neuquén. “Lo conozco desde hace tiempo por el tenis. Tenemos una muy buena relación y a veces nos juntamos a comer. La idea de la AAT era tener otra sede para la Davis en el interior del país y lo que hice yo fue unir puntas. Hablé con el gobernador de Neuquén (Rolando Figueroa) y se dio”, contó.
La respuesta del público también sorprendió a los organizadores. “Zabaleta me consultó sobre la venta de entradas. Le respondí: ‘Mirá, yo creo que en tres días están todas afuera’. Después me llamó y me dijo: ‘Pensé que iba a ser difícil y las vendimos en media hora’”.
Marín además reveló que existe otra propuesta que todavía debe ser autorizada por World Tennis -ex ITF-, entidad madre del tenis mundial. “Queremos que los jugadores argentinos ingresen al estadio con el mameluco de YPF y se lo quiten antes de comenzar, al estilo NBA”.
Marín también destacó la intención de la conducción de la AAT de llevar las grandes competencias a distintos puntos del país. “Calleri y Zabaleta, que son muy piolas, quieren federalizar el deporte. Ellos son del interior del país y están muy contentos con la llegada de la Davis a Neuquén”.
También identificó cuál fue el partido más importante de su carrera. “Fue el último, contra Emilio Sánchez Vicario. Perdí y ahí dejé de jugar al tenis”, recordó sobre el español que llegó a ser número 7 del mundo en 1990.
"Mi hermano un patriota"
Guillermo Marín, es hermano de Horacio, el empresario lleva muchísimos años trabajando en la industria del entretenimiento. Tuvo buen vínculo con Diego Armando Maradona, lo tiene con Lionel Messi, y fue el responsable de traer dos veces a la Argentina al reconocido extenista suizo Roger Federer. Además representó en su momento a Sebastián Saja, Raúl "Pipa" Estevez, Alejandro "Chori" Domínguez, entre otros.
Sobre el puesto de Horacio como CEO de YPF, aclaró tiempo atrás "no lo puse yo, fue por carrera de él. Mi hermano es un tipo muy inteligente que estuvo en Tecpetrol en Techint y no sé quién lo llamó del gobierno de Milei y terminó ahí. Así que bien por él. Espero que no piensen que yo lo metí, porque viste cómo es este país”, aclaró para no dejar dudas.
Con el tiempo y su hermano afianzado en la titularidad de la empresa y su enorme reconocimiento fue tajante en sus dichos "mi hermano es un patriota. Se pudo quedar en la actividad privada, donde siempre fue reconocido y valorado. Se involucró en lo estatal, para sacar al país adelante. No hay otra lectura, sin lugar a dudas que va por el bronce".
Horacio Marín. Ex jugador de tenis convertido en CEO de YPF. Impulsor de que la Copa Davis se juegue en Neuquén desde este sábado. También en el deporte neuquino, ya entró en la historia.