Hay decisiones que se toman con la pelota en los pies y otras que se toman lejos de una cancha. La de Jorge Omar Carrascosa pertenece a las segundas. El 13 de enero de 1978, cuando faltaban apenas cinco meses para el Mundial que se jugaría en Argentina, el capitán de la Selección decidió dar un paso al costado.
No estaba lesionado. No había sido desafectado. Tampoco había perdido la confianza del entrenador. Todo lo contrario: era uno de los principales referentes del equipo de César Luis Menotti y estaba llamado a llevar la cinta de capitán durante la Copa del Mundo.
Pero Carrascosa decidió que no quería jugarla.
La decisión sorprendió al fútbol argentino y, con el paso del tiempo, convirtió al defensor en protagonista de una historia que excede largamente lo deportivo. En una entrevista publicada por Infobae en 2023, Carrascosa, quien este sábado 15 de agosto cumple 78 años, explicó aquella determinación con una frase que resume buena parte de su manera de entender la vida: “Renuncié para tener la conciencia tranquila”.
El capitán que se bajó cinco meses antes del Mundial
Carrascosa había sido capitán de la Selección desde el comienzo del ciclo de Menotti y había disputado el Mundial de Alemania 1974. En enero de 1978, sin embargo, decidió comunicarle personalmente al entrenador que no quería formar parte del plantel que se prepararía para la Copa del Mundo. Según recordó en aquella entrevista, se encontró con Menotti en Mar del Plata y fue directo: “No va más, César…”.
La renuncia se produjo en un contexto particularmente sensible: Argentina estaba bajo la dictadura militar y se preparaba para organizar por primera vez un Mundial.
Con el paso de los años, la decisión de Carrascosa fue asociada inevitablemente con aquel contexto político. Sin embargo, el propio exjugador se encargó de aclarar que no quiso presentar su renuncia como una postura política específica contra el Mundial o contra el régimen. “Específicamente no influyó para nada de la manera que uno puede imaginarse. Te hablo de lo deportivo”, explicó a Infobae. Para él, se trataba de una cuestión más profunda: no se sentía preparado para afrontar semejante acontecimiento y venía acumulando experiencias que lo habían llevado a cuestionarse determinadas prácticas dentro del fútbol.
“Me fui cansando de un montón de cosas”
Carrascosa no escondió que había algo más que una simple cuestión de estado físico. “Me fui cansando de todo un poco, de un montón de cosas que desvirtuaban la esencia del fútbol, dentro y fuera del campo de juego”, recordó.
Su experiencia en Alemania 1974 había sido importante para entender cómo funcionaba un Mundial desde adentro. También había observado las tensiones, las exigencias y todo aquello que rodeaba a una competencia de semejante magnitud. Por eso, cuando llegó el momento de decidir, eligió no continuar. “No estaba en condiciones de aportarle al grupo lo que necesitaba”, explicó.
Para Carrascosa, si un futbolista no podía aportar lo mejor de sí mismo, debía dejar lugar a otro que estuviera en mejores condiciones. La paradoja es evidente: el hombre que estaba destinado a ser capitán de la Selección campeona del mundo decidió no estar allí. La cinta terminó en el brazo de Daniel Passarella, quien levantó la Copa en el Monumental después de vencer a Holanda.
No fue una pelea con Menotti
Con los años también circuló la versión de que la salida de Carrascosa había sido consecuencia de una disputa política con Menotti. El propio defensor lo negó. “No me peleé con Menotti”, sostuvo. Por el contrario, destacó reiteradamente el vínculo que tenía con el entrenador, a quien consideraba un amigo y de quien rescataba especialmente la transformación que había impulsado en la Selección.
Menotti había sido, además, el entrenador del extraordinario Huracán campeón de 1973, uno de los equipos que marcaron la carrera de Carrascosa.
Por eso, la renuncia no significó un enfrentamiento personal. Fue una decisión individual.
El contexto de una época que todavía genera preguntas
La renuncia de Carrascosa ocurrió a comienzos de 1978, cuando la Argentina estaba gobernada por la última dictadura militar y se preparaba para recibir al mundo. Ese contexto hizo que la decisión adquiriera una dimensión que trascendió al fútbol.
Sin embargo, Carrascosa fue cuidadoso al explicar su posición. En la entrevista con Infobae, cuando le preguntaron específicamente por la situación política argentina, evitó reducir su decisión a una protesta contra la dictadura. Su explicación fue más amplia: hablaba de su forma de entender el deporte, de la utilización del fútbol y de las contradicciones que encontraba entre el juego y todo aquello que lo rodeaba.
Años después, incluso sostuvo que en circunstancias similares tampoco habría jugado un Mundial durante la Guerra de Malvinas. “Durante la Guerra de Malvinas no hubiera jugado un Mundial. Es más, Argentina no debió haber participado de España 82”, afirmó en aquella entrevista.
No era una cuestión de una Copa determinada, sino de una convicción personal.
La historia de Carrascosa no comenzó con aquella renuncia.
Nacido en 1948, comenzó su carrera en las inferiores de Banfield y luego pasó a Rosario Central, donde integró el equipo campeón de 1971. Su rendimiento le permitió llegar a la Selección argentina y convertirse en uno de los laterales izquierdos más reconocidos de su generación. En 1973 llegó a Huracán y fue parte del equipo dirigido por Menotti que quedó en la memoria del fútbol argentino. Carrascosa disputó los 32 partidos de aquel torneo y recordó aquel plantel como el mejor de su carrera.
Más allá del campeonato, lo que más valoraba era el vínculo humano que se había construido entre los integrantes del equipo. “Salir campeón en Huracán no es una cosa menor”, recordó. Y destacó especialmente la filosofía futbolística que Menotti logró instalar en aquel grupo.
Pero también dejó una frase que parece funcionar como una declaración de principios de toda su carrera: “No hay que ganar siempre. Se gana, se empata o se pierde, pero lo más importante es jugar con dignidad.”
Alemania 1974: la experiencia que cambió su mirada
Carrascosa disputó 29 partidos con la Selección y convirtió un gol. Su único Mundial fue el de Alemania 1974. Aquel torneo le dejó aprendizajes que luego serían importantes para su decisión de 1978.
Según explicó, aquella Selección todavía tenía problemas de organización y muchas decisiones se tomaban de manera improvisada. La llegada de Menotti produjo después una transformación basada en la continuidad, la preparación y la formación de un grupo. Carrascosa participó activamente de ese proceso y llegó a ser el capitán del equipo.
Por eso, su renuncia resulta todavía más significativa: no era un jugador marginal que se quedó afuera del Mundial; era el hombre que llevaba la cinta y estaba en el centro del proyecto.
El día que fue capitán de Maradona
La historia de Carrascosa también tiene una curiosidad que conecta aquella generación con una de las posteriores. El defensor fue capitán de la Selección en el debut de Diego Maradona, en el recordado triunfo 5-1 ante Hungría en la Bombonera.
Sobre aquella aparición, Carrascosa recordó haber sido uno de los privilegiados que pudieron ver en vivo el nacimiento futbolístico de Maradona. También defendió la decisión de Menotti de no llevar al joven de 17 años al Mundial de 1978, entendiendo que la presión de jugar un Mundial en Argentina podía ser excesiva para un futbolista tan joven.
Así, el mismo hombre que estaba llamado a ser capitán en 1978 terminó siendo testigo privilegiado de una generación que comenzaría a escribir otra parte de la historia de la Selección.
La otra decisión: retirarse a los 31 años
La renuncia a la Selección no fue la última gran decisión de Carrascosa. Al año siguiente también decidió abandonar el fútbol profesional. Tenía apenas 31 años y todavía contaba con posibilidades de continuar dentro de la actividad. Pero volvió a elegir el mismo camino. “No me arrepiento de retirarme joven”, aseguró. Había recibido propuestas para continuar como entrenador, ayudante de campo o trabajando en divisiones inferiores, pero decidió alejarse.
La explicación volvió a estar vinculada con su necesidad de vivir de acuerdo con sus convicciones. “Estaba cansado y dije basta. Me fui bien, como siempre lo quise: con dignidad”, contó el ex marcador lateral izquierdo.
También habló de las concentraciones prolongadas, los viajes, la presión periodística y el costo que tenía para él estar alejado de su familia, sus amigos y su barrio. Había elegido el fútbol durante buena parte de su vida. Ahora elegía otra cosa.
El costo de decir que no La dimensión más interesante de la historia de Carrascosa quizá no esté en preguntarse qué habría ocurrido si hubiera jugado aquel Mundial. Argentina ganó la Copa del Mundo de 1978 sin él.
La pregunta más profunda es otra: ¿qué significa para un futbolista renunciar a la posibilidad de ser campeón del mundo cuando tiene todo dado para hacerlo? Carrascosa conocía perfectamente el costo de su decisión. “Todo tiene un costo en la vida. Yo tomé esa decisión sabiendo lo que me iba a costar, pero consciente de lo que hacía”, afirmó.
Allí esté la clave para entender su historia. No se retiró porque no pudiera jugar. No abandonó la Selección porque hubiera sido descartado. No dejó el fútbol porque le faltaran oportunidades. Dijo que no cuando todos esperaban que dijera que sí.
Tiempo después, cuando volvió a hablar sobre aquella decisión, no mostró arrepentimiento. “Lo volvería a hacer”, sostuvo. Porque para Jorge Carrascosa la carrera de un futbolista podía medirse en partidos, títulos y Mundiales. Pero la vida, según su propia mirada, se medía con otra vara. Vara que tenía una palabra: dignidad